Fuera Macri

"Fino" Palacios, agente del Mossad

La confirmación de que “Fino” Palacios, el comisario Chamorro y Ciro James integraban una red privada de espionaje ha dejado a Macri en la picota. En la noche del martes, su ministro de “seguridad”, Montenegro, declaró que el trío de espías conformaba “una pyme que vendía sus servicios al mejor postor”. Lo que no dijo es que, al menos en los últimos tiempos, ese postor no fue otro que el gobierno de Macri. A cuenta de éste, el tándem de “Fino” Palacios espiaba a dirigentes docentes, opositores políticos e incluso a sus propios familiares, como se demostró en el caso del cuñado de Macri. La base de operaciones de esta red era la Consultora Strategic Security. Parece que el armado de una red de represión y espionaje en la Ciudad –la “policía metropolitana”– no les impedía a Palacios y a los suyos continuar espiando para otros dignos clientes. Por caso, la familia Mitre, o los laboratorios Abbot. De todos modos, el centro de su “actividad” estaba colocado en el Estado porteño, sin excluir a la propia interna del macrismo. El espiado Rodríguez Larreta está enfrentado a Montenegro pero, sobre todo, a Gabriela Michetti, quien, además de apoyar al ministro de “seguridad”, encabeza a la facción del PRO que no quiere encolumnarse con el peronismo disidente. La oposición patronal está dirimiendo su propia interna por medio de “servicios”.

“La Mossad y el FBI no pueden equivocarse”

Pero Montenegro también distorsiona las cosas cuando presenta a la red de espías como una sociedad de libreemprendedores. Cuando arreciaban los cuestionamientos a “Fino” Palacios, la ultrasionista radio Jai difundía en su página web una entrevista al ex jefe de la Metropolitana, quien se defendía del siguiente modo: “No creo que la gente del Mossad o el FBI sean unos tontos para no saber quién soy” (27/7). Palacios aludía a las condecoraciones que había recibido por parte del Estado de Israel, en uno de sus viajes de “capacitación”.

Palacios, en fin, era “el superpolicía de confianza del FBI y de la DEA en la Argentina” (La Nación, 16/11). Y también de la familia Macri, a quien prestó servicios en la “seguridad” de Boca Juniors.
La página web de su “consultora”, Strategic Security, destaca su rubro principal:

“investigaciones complejas y lucha contra el terrorismo”. Es el término con el que encubren al espionaje y la infiltración contra los movimientos populares. En definitiva, la creación de la policía metropolitana disimuló un gran operativo de espionaje politico. La orientación social y política de esta “pyme” parapolicial ya se había puesto de manifiesto en los asesinatos del 20 diciembre de 2001, cuando Palacios fue procesado por haber ejercido “funciones fuera de horario y de zona”. Entre las principales referencias internacionales de su “consultora”, Palacios cita al “Estado de Israel”. La comunidad judía oficial todavía debe explicar cómo uno de los principales socios locales de la Mossad está siendo juzgado, al mismo tiempo, por encubridor en la causa Amia.KirchnerismoDe todos modos, Macri no es el precursor en la contratación de esta clase de “servicios”. En Tucumán, el ultrakirchnerista Alperovich contrató a una “consultora” similar a la de “Fino”, integrada por reconocidos agentes de la Mossad. Ha sido denunciado que ese grupo de tareas espía a dirigentes sociales y políticos, y que, incluso, dirige “grupos especiales” de represión.Los diarios no dejan de lamentarse por la “impericia” o “imprevisión” de Macri. Pero Palacios-Chamorro, del riñón de la Policía Federal, prometían un reparto ordenado de los negocios de la “administración” del delito en la Ciudad, entre la vieja y la “nueva” fuerza represiva. A este pacto político, el kirchnerismo le estampó todas sus huellas digitales. La ley de creación de la policía metropolitana, votada por los legisladores K, estuvo atada al nombramiento de Palacios y su grupo. Incluso cuando los cuestionamientos a Palacios arreciaban, Aníbal Fernández nunca dejó de reunirse con los funcionarios macristas para acordar una “política común de seguridad”, es decir, la preservación de un orden represivo en el centro político del país.

La tarea planteada

La tercerización de la seguridad de la Ciudad a manos de una banda de espías debería colocar en el banquillo de los acusados a quien la contrató, o sea, al gobierno de Macri, Rodríguez Larreta y la impoluta Michetti. El gobierno PRO es incompatible con las libertades democráticas, con la seguridad ciudadana y el derecho a vivir en la ciudad. Pero aunque una centroizquierdista K admita que “estamos ante la mayor crisis institucional desde que se sancionó la autonomía porteña” (Gabriela Cerruti, en Página/12 del 16/11), el kirchnerismo, que agita todas las tribunas del país con el fantasma de la derecha, es incapaz de asestarle un golpe certero en el momento en que esa derecha exhibe toda su descomposición política. Aunque el espantajo macrista se venga abajo, los Kirchner lo necesitan en pie, para seguir extorsionando con su presencia a la clase obrera que lucha y se organiza.La crisis de los espías plantea una gran movilización por la disolución completa de la policía metropolitana; por la expulsión de todos sus jefes y “capacitadores” del Estado porteño; por la clausura de las consultoras y agencias privadas de conspiración contra el pueblo; por la apertura de los archivos de la Side y de las comisarías de la Federal del “gatillo fácil”. Por la destitución de Macri y todo su gobierno.

Marcelo Ramal

En el aniversario del Argentinazo

Preparemos una gran jornada clasista


La carestía de estos once meses se llevó la cuarta parte del salario de hace un año.
Pero la convocatoria a paritarias está en el freezer.

El gobierno no responde.

Moyano “no sabe”, Yasky “no contesta”.

Los desocupados que reclaman puestos de trabajo y rechazan la cooptación de los punteros llevan varias semanas de lucha.

El gobierno les reclama “paz social”, mientras ofrece a los fondos buitres un canje ruinoso para el país.

La misma “paz” le reclaman a los trabajadores del Subte, para salvar el pellejo de una burocracia sindical corrupta.

Los burócratas sindicales son la rueda de auxilio del bicicleteo oficial.

En cambio... ¡Qué rápidos, eficaces y certeros son los K a la hora de resolver el pliego de los
patrones!

Los usureros de la deuda externa van a ganar un 100% por el solo hecho de entrar en el canje oficial.
Muchos de ellos, claro está, pertenecen a la propia camarilla oficial.

Rapidito, también, le liberaron el aumento de naftas a las petroleras.

Tampoco le faltaron respuestas ni efusividad a los Kirchner para recibir al genocida Shimon Peres.

Han firmado acuerdos comerciales sobre la ruina de millones de palestinos expropiados.

Veloces, pactaron la reforma política con sus archienemigos duhaldistas y de la Coalición Cívica.

En oposicion a esta política antisocial y antinacional, planteamos la reapertura de las paritarias, por un aumento salarial de emergencia, por la prohibición de los despidos, por el reconocimiento del sindicato del Subte, por la reincorporación de los despedidos de Kraft y por todas las reivindicaciones pendientes.

Preparemos una gran manifestación obrera y popular el próximo 20 de diciembre, aniversario del Argentinazo, para imponer estos reclamos.

"La vida por Moyano"

Una huelga contundente y consecuente enseña sobre la situación política mucho más que las escaramuzas parlamentarias.

El paro general del Subte, el martes 10, marcó una derrota sin atenuantes del gobierno kirchnerista. El gobierno se había jugado resueltamente contra el paro y contra la reivindicación de un sindicato propio de los obreros del Subte, sin importarle las leyes y fallos judiciales que respaldan a los trabajadores. La prioridad para el gobierno es la burocracia sindical de los Moyano y compañía, que sirven al Estado y a las patronales para enfrentar a los trabajadores. Un ejemplo: por los mismos días el burócrata de la UOM, Caló, explicaba por qué la CGT no reclamaría aumentos salariales en el final del año, mientras las ganancias, los bonos y la Bolsa no paran de subir. Esta burocracia avaló la declaración de ‘servicio esencial’ para el subte, a sabiendas de que se trata de un arma contra el derecho de huelga y que tiene su origen en las dictaduras militares. La determinación de los obreros de Metrovías desnudó la falacia del gobierno que se pavonea con los pobres y “excluidos”. La huelga del Subte es la segunda derrota del gobierno y de la burocracia en un breve período de tiempo, luego del fracaso en la tentativa de hacer firmar la ‘paz social’ a los obreros de Kraft. En la derrota quedó también arrastrada la burocracia de la CTA, la cual, como ocurriera en Kraft, no movió ni la décima parte del aparato que jugó para apoyar a Milagro Sala. Los voceros de la CTA en el subte evitaron las luminarias de la TV, porque han sido arrastrados a esta lucha como consecuencia del fracaso de las maniobras del ministerio para conseguir la ‘simple inscripción gremial’ (no confundir con la personería sindical).

La ‘gran Perón’

Las luchas que impulsan y dirigen los activistas sindicales que se oponen a la burocracia, y las movilizaciones masivas que emprende el movimiento de trabajadores desocupados, ponen de manifiesto por dónde pasa el proceso político que permite a los trabajadores enfrentar la crisis del capitalismo. Semejante evolución de las masas coloca al gobierno ‘nac & pop’ ante la madre de todas las encrucijadas: el cuestionamiento a su gestión desde la izquierda, desde los explotados. La utopía reaccionaria de volver a establecer un frente nacional, donde la burguesía maneje la batuta y se lleve la plata y los obreros deban someterse a los caudillos nacionalistas, ha sufrido duros golpes. Es a la luz de esto que debe entenderse el renunciamiento a la renuncia al PJ, por parte de Kirchner, y la convocatoria de Moyano a un acto ‘anti-golpista’ – al que seguramente llevará al ex presidente pingüino. El oficialismo necesita con desesperación aparatear el proceso político, en especial cuando a la crisis económica se le agrega la pérdida de su mayoría parlamentaria.

La convocatoria de Moyano hace recordar a la que llamó Perón el 12 de junio de 1974, también contra un golpe inexistente, luego que expulsara a la JP de la Plaza el 1º de Mayo de ese año. Los comentaristas de la época y la propia JP interpretaron la movida de Perón como un guiño a la izquierda luego del volantazo hacia la derecha que significó la entrega de las llaves del gobierno a la camarilla de López Rega y el golpe policial en Córdoba (‘navarrazo’) contra el gobierno de la izquierda peronista. También en aquel año se enseñoreaba la crisis mundial y el derrumbe del pacto social – luego de dos años de disparada de los precios de exportación. La tentativa de Perón de desviar la línea fundamental de su gobierno con un ropaje antiimperialista fracasó sin atenuantes. En menos de un año estallarían el rodrigazo y la huelga general de junio-julio. Lo que la pareja Kirchner-Moyano pretende hacer ahora empalidece como una jugarreta; tampoco la polarización política ha llegado a los extremos de aquellos años. Pero si el ritmo no es el mismo, la dirección de los acontecimientos es inconfundible. Hugo Moyano vuelve a sus orígenes, aunque esto no sea ya estrictamente posible, luego de haber intentado promover una renovación de la burocracia sindical peronista desde mediados del gobierno de Menem – recordemos, junto a la CTA y la CCC.

Sí me importa tu pasado

Hace 35 años, llevamos adelante una campaña bastante exitosa para boicotear la convocatoria de Perón. Tuvimos razón, pues ese gobierno era el nido de las serpientes. Ahora las cosas son menos complejas y las posibilidades son mayores: hay que plantear, claro y alto, la lucha por la autonomía política de la clase obrera frente al nacionalismo, sea burgués o pequeño burgués. El nacionalismo se ha convertido en una teta estéril a fuerza del uso y abuso de ella por parte de los enemigos del proletariado y del socialismo. La autonomía política del proletariado es la tarea común fundamental en toda América Latina, donde los ‘socialismos’ de distinto signo (indígena, igualitario, bolivariano), que apenas disimulan el nacionalismo de contenido burgués, enfrentan crisis terminales en grado diferente. Lo único que puede impedir un retorno del gorilaje adornado con derechos humanos y transparencia es un movimiento político dirigido por la clase obrera.

Precisamente será ese el eje político de la Conferencia Sindical del Partido Obrero que tendrá lugar el fin de semana próximo.

Jorge Altamira

¡FUERA SHIMON PERES DE ARGENTINA!

Juicio y castigo a los criminales de guerra sionistas.

Alto al Holocausto palestino.

Cese del bloqueo a Gaza.

Basta de persecución a los que luchan contra el sionismo.

Shimon Peres, criminal de guerra.

Convoca:

Comité de Solidaridad con los Pueblos Agredidos por el Sionismo-Imperialismo

Adhiere: Partido Obrero

REPRESOR CON LAS HUELGAS, COMPLACIENTE CON LOS USUREROS

El acto de Moyano es antiobrero


Néstor Kirchner no les perdona a los trabajadores del Subte haber puesto al desnudo tanto sus contradicciones como su hipocresía.

En efecto, los ‘amigos’ del matrimonio se pusieron de acuerdo con sus ‘adversarios’ para derogar, en el Congreso, la única clase de ley que nunca se debería derogar, que es aquella que prohibía hacer una nueva oferta, o sea una nueva ley, a los acreedores internacionales que no aceptaron el canje de deuda en 2004.

O los que votaron aquella ley obraron como sinvergüenzas, o los sinvergüenzas son los de ahora (aunque la mayor parte de ellos estaba entonces y está ahora).

Claro que, en 2004, entre los acreedores había todavía numerosos ahorristas y ahora hay solamente fondos buitres, que compraron la deuda a precios muy inferiores a los que se les ofrece para el rescate.

Pero mientras, por un lado, se deroga una ley con el exclusivo propósito de posibilitar el pago de unos diez mil millones de dólares (incluidos los intereses atrasados) a las aves de rapiña del capitalismo a tasas de interés usurarias; por el otro, se impide la aplicación de una ley, que tiene plena vigencia, que otorga el derecho a la inscripción gremial al Sindicato del Subte.

Esta duplicidad no le sienta nada mal al gobierno “nacional y popular” –que, al mismo tiempo, acusa de desestabilizadores a los obreros que exigen el respeto del derecho y no a los capitalistas que adecuan el derecho para seguir saqueando al país.

En una palabra, la huelga del Subte dejó al desnudo que la única ley imperativa para los K es la que está al servicio del capital.

Por esto mismo, para que la hipocresía no se apague, Moyano propone celebrar, el Día de la Soberanía, la represión a los trabajadores del Subte y la anulación de la llamada “ley cerrojo”.

Pocas veces ha quedado más al desnudo la demagogia oficial: ¡los fondos buitres, una decena, recibirán cuatro y cinco veces más dinero que toda la asignación por hijo que festeja la Presidenta!

La soberanía nacional está corporizada en los trabajadores, no en el matrimonio cipayo ni en los burócratas que vacían las arcas de las obras sociales y de otras cajas más. Se vuelve a quebrar la pretensión de que obreros y patrones tenemos intereses comunes y que el kirchnerismo o el pejotismo representan con eficacia esta colaboración nacional entre las clases.

¿Por qué sorprenderse, entonces, de que el gobierno que tacha de sellos a los partidos de izquierda, cuando se trata de reclamar el apoyo al fraude llamado “reforma política”, les asigne a esos mismos sellos un poder desestabilizador?

En este caso, para el gobierno, las patronales y los bloques que votaron el nuevo pago de la deuda, la denominación izquierda equivale a clase obrera –a una clase obrera independiente, emancipada de la burocracia sindical patotera.

El futuro del país depende, precisamente, de que esta autonomía política de la clase obrera y de los trabajadores se desarrolle hasta sus últimas consecuencias.

Para terminar con el hambre: trabajo para todos sin clientelismo

Los puestos de trabajo en el marco del plan Argentina Trabaja, mas allá de ser empleos precarios, han generado una expectativa en miles de trabajadores de todo el país que caen en el desempleo. El gobierno restringe el acceso a estos trabajos, de por sí insuficientes, a los punteros de las intendencias. La mayoría de los desocupados está quedando afuera. Pretenden excluir a las organizaciones sociales y, en general, a todo aquel que no pase por el filtro de los punteros. No resuelve el problema el plan del subsidio por hijo, que no pasa del nivel de la indigencia y consume los fondos del Anses, liberando las partidas de los planes actuales que absorbe para el pago de la deuda y los subsidios a los patrones. Sin haberse puesto en marcha la asignación universal, el gobernador Scioli, ha dejado sin cobrar 70 mil desocupados del plan Barrios Bonaerenses. Queremos que la asistencia llegue efectivamente a todos los que la necesitan, rechazamos cualquier recorte, queremos trabajar, y queremos los fondos del Anses para que nuestros jubilados cobren el 82% móvil.

Nos dicen que la crisis económica ya habría pasado, mientras se suceden nuevos despidos y el estado nacional y los provinciales proceden a un ajuste cada vez más riguroso, recortando partidas y congelando salarios en función de tomar nueva deuda externa.

Unificamos la lucha de un conjunto de organizaciones, todas las cuales el gobierno intenta marginar del acceso a estos puestos de trabajos, peleando por el acceso al empleo, pero también para enfrentar cualquier intento de descargar la crisis sobre las espaldas de toda la clase trabajadora. La unidad cada vez más extendida de quienes ayer reclamábamos por separado es la única respuesta a la perfidia oficial. Nos unificamos también referenciados en las luchas de los trabajadores ocupados y desocupados en todo el país, contra los despidos como en Kraft, por el derecho a organizarnos independientemente de la tutela de las fuerzas del gobierno como en el subte y contra el ajuste oficial como los docentes y estatales de la provincia de buenos aires y muchísimas provincias del interior. Salimos a las calles exigiendo una solución de fondo, pasándole la factura de esta crisis no a los trabajadores, sino a los que no se cansan de llenarse los bolsillos, los empresarios, los especuladores inmobiliarios, el capital financiero y los terratenientes.

· Trabajo para todos. Ingreso irrestricto y bajo control de las organizaciones genuinas de los trabajadores a los puestos de trabajo anunciados. Que se extienda inmediatamente el ingreso a la ciudad de buenos aires y el interior.
· Plan de obras públicas y de viviendas para los trabajadores sobre la base de un impuesto extraordinario a la ganancia empresarial, a los terratenientes y el capital financiero.
· Si no hay trabajo, subsidio al desocupado
· Prohibición de despidos y suspensiones
· 82% móvil para los jubilados.
· Pago inmediato del plan Barrios Bonaerenses y la asistencia de provincia de Buenos Aires
· Contra el ataque a Segovia, Solanas y todos los luchadores populares

Las organizaciones que integran este acuerdo de acción solicitan una reunión urgente para tratar estos puntos con la Ministra Nacional de Desarrollo Social, Dra. Alicia Kirchner

Polo Obrero, Movimiento Barrios de Pie, Movimiento Sin Trabajo-Teresa Vive, Corriente Clasista y Combativa, Movimento Territorial de Liberación(Provincia de Buenos Aires), Bloque Piquetero Nacional (MTR, MBL, UTL, MTR 12 de Abril), Frente de Organizaciones Clasistas “Carlos Almirón” (FTC-M29, MAR, Familiares contra el paco, RUP), Frente de Trabajadores Clasistas Nacional, Asambleas del Pueblo, MTR (fogoneros), TODU, Bloque Obrero y Popular (Mov 26 de Junio, MTD Quilmes), UTD Tigre, ATV

Conferencia sindical convocada por el PO - 14 de noviembre

El próximo sábado 14 de noviembre el Partido Obrero reunirá 950 dirigentes sindicales y delegados fabriles de todo el país, de unos 80 gremios desde azucareros de Salta y Jujuy hasta mineros de Río Turbio de Santa Cruz.

Al llegar de Córdoba de un plenario preparatorio con un centenar y medio de sindicalistas combativos cordobeses realizado ayer en la Facultad de Derecho de esa ciudad, Néstor Pitrola declaró “los nuevos movimientos sindicales han surgido en distintos niveles con independencia de la CGT y la CTA, son los casos del nuevo sindicato del subte, de varias seccionales del Suteba y de Amsafé (S.Fé), del sindicato ceramistas de Neuquén, de la seccional San Fernando del neumático, del nuevo cuerpo de delegados del Ingenio salteño El Tabacal, de decenas de delegados del comercio de la juventud de los súper y de los “call”, de los cuerpos de delegados de la alimentación contrarios a Daer en Capital y a Morán en el interior, de Atucha y tantas obras de la UOCRA, de los combativos petroleros patagónicos, de sindicatos como gráficos, metalúrgicos, periodistas, no docentes y docentes universitarios, de fideeros y confiteros, de las reparticiones antiburocráticas de ATE, de aguas gaseosas, de plásticos que cada día repudian más a los herederos de Triaca, de mineros, pintura, ferroviarios, televisión del Sat, telefónicos de Foetra, entre los aeronáuticos, de la carne, de las golpeadas fábricas del Smata, de decenas de sindicatos municipales de la Pcia de Buenos Aires y del combativo cuerpo de delegados de municipales de Córdoba, de los judiciales y de los bancarios que se organizan contra Zanola, de todas las fábricas bajo gestión obrera que escapan a la cooptación kirchnerista, de las autoconvocatorias masivas de docentes salteños y cordobeses y de la salud tucumana, de los rurales de Uatre del Alto Valle que cortaron las rutas por su salarios, entre otros”. “De todas las expresiones que luchan crecientemente asociadas a piqueteros y estudiantes por un programa común”.

Pitrola remató “todos ellos vieron la luz por la lucha y su perspectiva política es la expulsión de la burocracia de los sindicatos”, “no está en discusión aquí una tercera central sindical, si no una nueva dirección en los sindicatos para acabar con las mafias y patotas, con sus cajas negras y su asociación a las patronales y al PJ, tanto kirchnerista como disidente, preparamos una nueva dirección anticapitalista”.

Movilización a la Corte Suprema de La Plata por la absolución de los delegados de Fargo, por el derecho a huelga y contra la judicialización de la protesta

Por la inmediata Absolución de Morales y Gudiño.

Por el respeto del derecho de los trabajadores a la huelga.

Basta de judicializar y criminalizar la protesta.

Frente a la huelga de mayo del 2007 en la planta Fargo de Moreno, el Fiscal Chiminelli actuando de oficio acuso a dos trabajadores de la planta por privación ilegal de la libertad agravada sobre directivos de la empresa. En el juicio que se desarrollo durante los días 25, 26 y 27 de marzo del 2009 la jueza Pardini de los tribunales de Mercedes los absolvió. Este resultado fue un triunfo del movimiento popular que se desarrollo frente al juicio, pronunciamientos, movilizaciones, actos, rodearon a los trabajadores de la alimentación exigiendo su absolución.

No obstante el fiscal Chiminelli apeló la sentencia y la Cámara de Apelaciones y Garantías en lo penal revocó el fallo y condeno a Morales a dos años y dos meses y a Gudiño a dos años, ambas de ejecución condicional.

Ante la presentación del recurso de Casación, la Cámara de Apelaciones lo declara Inadmisible, basándose en la reforma del Código Procesal Penal de Scioli y negando el derecho de "doble instancia".

Nos movilizamos a la Suprema Corte de Justicia Provincial, ante la cual se ha presentado un recurso de inconstitucionalidad exigiendo se revise el fallo y se dictamine la absolución definitiva. Gabriel Morales y Julio Gudiño serán acompañados por obreros de Fargo, organizaciones sindicales, estudiantiles, de DD.HH y Políticas de la zona

El 6 de noviembre marchemos a La Suprema Corte de Justicia Provincial por la completa y definitiva Absolución de los Compañeros Morales y Gudiño, a la libre organización y el derecho a huelga. Viernes 6 de noviembre a las 11 Horas frente a la Suprema Corte de Justicia en calle 13 y 46, LA PLATA.
APEL

Repudiamos la brutal agresión a la familia de Néstor Segovia

El Partido Obrero repudia el brutal ataque perpetrado contra la familia del delegado del subte, Néstor Segovia. La esposa de Segovia ha denunciado que la policía bonaerense, junto a una patota de la UTA, golpearon a sus hijos y destrozaron su vivienda.

En su oposición a que los trabajadores del subte pongan en pie su sindicato, la burocracia de la UTA actúa en completa sintonía con el gobierno, el Estado y sus aparatos de represión.

Redoblemos el apoyo obrero y popular a la lucha del subte, contra la burocracia y el gobierno que avala despidos, liquida las paritarias y precariza las condiciones laborales.

PARTIDO OBRERO

El gran pronunciamiento de Kraft

"Retroceso en Kraft, avance para el conjunto". Así caracterizamos, desde estas páginas, el cierre de la lucha de Kraft. Aunque la huelga había concluido con un golpe a la organización de fábrica, su desarrollo había representado un progreso en la conciencia de toda la clase obrera.

Tan sólo dos semanas después, la primera manifestación de ese avance se produjo nada menos que en la propia Kraft y en las condiciones más difíciles. Las elecciones de comisión interna se realizaron bajo la más dura intimidación patronal, con el peso de los recientes despidos y del desmantelamiento del Cuerpo de Delegados por sección. La burocracia especulaba con aprovechar estos comicios con “libertad vigilada” para recuperar el control de la fábrica. Los trabajadores, sin embargo, se sirvieron de ellos para dar un pronunciamiento contundente respecto de la reciente huelga, de su desenlace y sus resultados. La Lista 1, integrada por quienes rechazaron firmar el acta que convalidó los despidos, venció con más del 40% de los votos. Con todo el respaldo de la patronal y sus jerarquías de planta, la lista de Daer no llegó al 20%. Después de 38 días de huelga, de los piquetes y el desalojo de la infantería, los trabajadores extrajeron sus conclusiones políticas. El sometimiento de la burocracia de la alimentación a la patronal de Kraft y a la embajada norteamericana no pasó en vano.

Tomando partido sobre Kraft

De todos modos, el alcance de este pronunciamiento en Kraft no puede limitarse a las fuerzas fabriles o sindicales que intervinieron directamente en la huelga; por caso, su comisión interna o la burocracia de la alimentación. La huelga de Kraft fue, en verdad, “nacional”, puesto que, por acción u omisión, intervinieron en ella todas las fuerzas políticas y sindicales del país. En el voto que emitieron este martes, los trabajadores expresaron una conclusión de fondo respecto de esas fuerzas, comenzando por la propia burocracia de la CGT. La condena de Moyano a los huelguistas de Kraft fue el “aviso” que precipitó, horas después, el desalojo de la planta por medio de la infantería.

Pero en la elección de la fábrica también fue derrotada la corriente que dirigía la comisión interna, que aceptó cerrar el conflicto en los términos impuestos por Tomada y Daer. En un volante donde menciona sus apoyos sindicales y políticos, la lista de Bogado (PCR) incluye a la CTA, a Solanas y Lozano, a Eduardo Buzzi (Federación Agraria), a Margarita Stolbizer y a Vilma Ripoll. La CTA, ausente durante toda la huelga, se ha lanzado ahora a una campaña de ataques a la lucha de Kraft como “huelga salvaje” por los piquetes y cortes de ruta que fueron decisivos para ponerle un límite a la escalada patronal. El MST, que sumó su firma en apoyo de Bogado, también suscribe ese balance reaccionario de la lucha de Kraft. Con su voto, los trabajadores desautorizaron a todos estos “bomberos” de la huelga.

Más allá de Kraft

Los comicios de Kraft son una manifestación de la nueva etapa que transita el movimiento obrero, en medio de la crisis capitalista y del agotamiento del kirchnerismo.

La burocracia sindical pretendió zafar de la crisis tolerando los despidos de contratados, la suspensión de las paritarias y el apoyo a las medidas oficiales de subsidio al capital. Los resultados están a la vista: 400.000 despidos en un año, salarios en picada y, ahora, los “ajustes” al estilo de Kraft, donde los pulpos quieren emerger de la crisis con una drástica alteración de las condiciones laborales en perjuicio de la clase obrera. La patronal también saca las conclusiones de lo que llama el “efecto Kraft” (sic, El Cronista, 3/11). Al frente de la cámara patronal de la alimentación ha sido nombrado el abogado Funes de Rioja, un mentor de todas las reformas laborales reaccionarias.

Esta escalada antiobrera ha dado por tierra con las mediaciones y maniobras estériles de los Moyano y los Yasky. En este cuadro, la clase obrera que lucha está obligada a tomar en sus manos la resistencia contra la crisis, a seleccionar y poner en pie nuevas direcciones. La transición que vive el movimiento obrero está marcada por ese agotamiento de la burocracia, por un lado, y por una tendencia de fondo en la clase obrera a organizarse sobre nuevas bases, por el otro.

La lucha de Kraft y el extraordinario pronunciamiento de este martes son una manifestación de ello, pero no la única. Ya se hizo presente entre los petroleros de Santa Cruz, contra las burocracias agentes de Kirchner y Repsol; en los docentes, que reabren su lucha salarial en medio de pronunciamientos contundentes (elecciones de Juntas bonaerenses); se expresa, también, en el reanimamiento del movimiento piquetero, que desafía la cooptación estatal y el crecimiento de la miseria social. Está presente, sobre todo, entre los trabajadores del subte, donde el fracaso de los que confiaron la lucha por un nuevo sindicato a los Tomada y Yasky está a la vista. En estas horas, las asambleas del subte están resolviendo una lucha a fondo para imponer, de una vez por todas, la organización obrera que le es propia.

El Partido Obrero apuesta a este desarrollo. Lo expresó durante toda la lucha de Kraft, peleando por hacer de ella una cuestión de toda la clase obrera y la juventud. Pero también en ocasión de estos comicios. En sus vísperas, un volante del PO llamó a votar por la Lista 1, en defensa de la gran huelga y de la perspectiva que ella le plantea a todo el movimiento obrero. Completemos el mandato que nos deja la gran elección de Kraft; es decir, la expulsión de la burocracia de los sindicatos y la puesta en pie de direcciones de lucha y agrupaciones clasistas en todos lados.

Marcelo Ramal

Kraft: victoria de la conciencia de clase



Gran parte de los cesantes que se habían acercado a la planta se abrazó con los miembros de la lista ganadora a través de la reja de la puerta al grito de “¡todos adentro!”. De este modo entendieron la victoria de la Lista 1 (Agrupación Desde Abajo, PTS), con 676 votos contra 660 de la Lista 2 (PCR) y 291 de la burocracia del sindicato de la alimentación (STIA). Nuestro partido había apoyado a la Lista 1 a través de una declaración profusamente repartida y saludada en la planta (ver reproducción).

La Lista 1 había rechazado el acta acuerdo del gobierno, la burocracia y la patronal norteamericana, con su cláusula de “paz social” y 123 compañeros en la calle. El acta había establecido que la elección de interna se realizaría bajo el control de la burocracia de Daer, circunscripta a once delegados cuando debían ser 26 (1 cada 100 trabajadores) y con la participación de personal fuera de convenio y extraño a la planta. Otra urna de votantes de la planta, la HQ, que incluía a administrativos fuera de convenio, fue impugnada por las Listas 1 y 2.

A las 19:30 horas, apenas terminado el recuento de votos y firmada el acta de votación en la planta, Javier Hermosilla, de la Lista 1, fue notificado por el gerente de recursos humanos de Kraft de que el jueves 5 asumiría la nueva comisión interna. Ramón Bogado reconoció su derrota y aclaró expresamente que había impugnado las urnas que el sindicato había plantado en su sede central y no reconocería sus resultados.

Los resultados no tienen en cuenta a los 123 compañeros que han sido despedidos, cuya mayoría hubiera votado a la 1.

A las 22 comenzó a develarse la trama del fraude, cuando el Ministerio de Trabajo informó que había ganado la Lista 2 (PCR) por 8 votos: 684 contra 676 de la Lista 1, y que la Lista 3 de la burocracia aumentaba a 434 sufragios. Se trata de las urnas de la sede sindical. Esas urnas habían sido impugnadas, pero la justicia laboral, con el aval del ministerio, las había aceptado. (Esta manipulación es la que se da también en el caso del Suteba La Plata, desconociendo urnas que le dieron el triunfo a la lista clasista contra la burocracia de la CTA). Al día siguiente, la Secretaría de Trabajo de la provincia suscribía oficialmente esta maniobra. Antes de todo esto, las listas 1 y 2 habían impugnado el padrón electoral de 2.950 votantes porque incluía todos los “ingredientes” luego utilizados en función del fraude. Estas acciones previas de las listas 1 y 2 inviabilizan la maniobra del fraude. No hay espacio ahora para las ‘autocríticas’ que el PCR forzó a Ramón Bogado, luego de que éste hubiera rechazado, inicialmente, el acta de levantamiento del conflicto.

El voto es la expresión de la conciencia de que la firma del acta acuerdo de la “paz social” es incompatible con una dirección dispuesta a luchar por los trabajadores, independiente del Estado y de los patrones. La burocracia había organizado asambleas truchas, con la presencia de líderes y funcionarios del Ministerio de Trabajo –sin contar las vigilantes cámaras de la patronal– para convalidar el acuerdo, que el PCR aceptó sin chistar. El PCR mantuvo obstinadamente la defensa del pacto y organizó la instalación de tres carpas en la puerta de la planta sólo para disimular su capitulación, jamás para organizar una resistencia. El fracaso del festival armado por la CCC horas después de la firma del pacto fue un testimonio del proceso que se vivía en la planta.

La rebelión tuvo su epicentro en el turno noche, donde la Lista 1 tuvo 378 votos (la mitad del total en toda la planta) contra 50 de la Lista 2 y 70 de la burocracia. Pero la Lista 1 obtuvo votaciones en todos los turnos, expresión de una conciencia homogénea. Votaron, dejando afuera a las urnas truchas, 1.638 compañeros, un 63% de un padrón de 2.600, superior a elecciones anteriores de interna.

Detrás de la Lista 2 se encolumnaron la CTA (con la firma de Horacio Meguira), Margarita Stolbizer, Proyecto Sur en pleno (Claudio Lozano, Pino Solanas), el SI (Macaluse), la UCR de la provincia de Buenos Aires, el ARI, el MST y, no podía faltar, la Federación Agraria, con la firma de Eduardo Buzzi.
Un frente que se unificó detrás de una plataforma de contención de un desarrollo clasista en el movimiento obrero. Los “progres” se juntaron con la pequeña burguesía radical con un programa de ‘orden’, apenas disimulado por la denominación “comunista y revolucionaria” de esa opción. Los que, en el conflicto sojero, prometieron la alianza revolucionaria de los obreros y campesinos volvieron a operar en clave contrarrevolucionaria. Ramón Bogado, cuya primera reacción había sido rechazar el acta de la ‘paz social’, se retractó luego de esta posición clasista por una lamentable adhesión a las lealtades partidarias. Tenemos confianza en que sabrá sacar las conclusiones que se imponen.

A estas horas está en debate la convocatoria a una gran asamblea general en la puerta de la planta para denunciar el fraude con el que se intenta birlar la victoria obrera e intimar al reconocimiento de la nueva dirección.

Lo ocurrido en Kraft es una genuina manifestación de conciencia de clase.

Se ha puesto de manifiesto con toda claridad que el movimiento obrero vuelve a atravesar una transición histórica. Es necesaria una política consecuente para llevarla a su término – expulsar a la burocracia pro-patronal y desarrollar una nueva dirección clasista y socialista en los sindicatos.

Reforma política: un corralito

Ocho años después de 2001, el kirchnerismo quiere imponer su propio corralito, en este caso de carácter político. La “reforma” anunciada por los Kirchner pretende, con el argumento de remediar la fragmentación política de oficialistas y opositores, producir una polarización en la segunda vuelta en 2011. Va por una nueva reconstrucción del Estado.

Después del 28 de junio, los Kirchner pudieron a duras penas impedir las deserciones políticas de gobernadores e intendentes. Con la reforma política, los candidatos deberán ser electos a través de una interna abierta, simultánea, con elevados requisitos de votantes. Por caso, la primaria presidencial de un partido o de una alianza debería recoger no menos de medio millón de votos. Naturalmente, la interna beneficia a los grandes aparatos políticos. El primer propósito del kirchnerismo es obligar a las facciones peronistas de los gobiernos provinciales o municipales a quedarse dentro del redil oficialista. Si los Duhalde, Solá o Reutemann quisieran saltar el cerco, tendrán que conformar un aparato propio. La reforma también impediría a los gobernadores reelegirse por fuera de su partido “original”, o sea el PJ kirchnerista. El corralito afectaría, en este caso, a los Urtubey, Capitanich o Reutemann, que se han insinuado para suceder a los K.

Con la reforma, el gobierno también arrojó una piedra al río revuelto de la oposición. Por un lado beneficia a la UCR, el único aparato opositor que cumpliría cómodamente con el piso de votantes exigidos en las primarias. Pero, al mismo tiempo, enfrenta a los radicales con sus aliados menores (Carrió), sin los cuales no podrían aspirar a derrotar el peronismo. La reforma también empuja a Cobos a regresar a la UCR, lo que el vicepresidente ya anunció. Desde ahí, trataría de negociar con De Narváez o Macri en la segunda vuelta. Nadie cree que ganará la primera vuelta; según los sondeos sacarían alrededor del 30%.

Los opositores resolvieron no concurrir al acto de lanzamiento de la “reforma”. Pero el desplante no va a quitarle el sueño a los Kirchner; la UCR está negociando con el gobierno la letra chica de la nueva ley. Por su parte, el sojero Binner ya anunció el apoyo del bloque socialista al engendro oficial.

El tiro ¿por la culata?

El resurgido Duhalde anunció que va por un millón y medio de afiliaciones para su “Confederación peronista bonaerense”. Ello le permitiría postularse a presidente por cuerda separada o, alternativamente, disputarle a Kirchner la “primaria” dentro del PJ oficial. Pero dos de los caciques del conurbano, Pereyra (Varela) y Mussi (Berazategui), acaban de presentar otra “reforma”, en este caso a la ley bonaerense de municipios, para que las elecciones comunales puedan separarse de las provinciales o nacionales. Así, los intendentes ganarían libertad para negociar sus apoyos, en las primarias o en la general, a uno u otro candidato.

Se vuelve a dar el distanciamiento entre los intendentes y el matrimonio que se reflejó en las urnas el 28 de junio.

Por su parte, Moyano ha conchabado a Pérsico y D’Elía para su “movimiento peronista”, con el que aspira a terciar en la disputa por la caja social del Estado y su participación en la interna del PJ.
El corralito de la reforma podría terminar agravando el desbande oficial.

Proscripción

La reforma también apunta a proscribir la presentación electoral de los partidos de izquierda.

En las pasadas elecciones de junio, el Partido Obrero obtuvo votaciones significativas en numerosos distritos, como Salta, Santa Cruz, Catamarca, el cordón industrial de San Lorenzo o Río Negro, pero está lejos del piso que la reforma K exige a nivel nacional. La reforma quiere empujar a los votantes de la izquierda y a los trabajadores dentro del corralito de las alternativas políticas capitalistas.

Tenemos que integrar la denuncia de esta reforma reaccionaria a la agenda integral de lucha contra la crisis capitalista. Defendamos el derecho a la organización política independiente de los trabajadores, para ejercer sin proscripciones la lucha contra el régimen social del tarifazo, el congelamiento salarial, los despidos y la flexibilidad laboral.

Marcelo Ramal

MÁS QUE NUNCA

Que la crisis la paguen los capitalistas


Lo peor de la crisis pasó”, repiten al unísono los voceros oficiales.

No pueden decir lo mismo los 400.000 compañeros que fueron despedidos en el último año.

Tampoco los que no llegan a la “canasta de pobreza” (1.600 pesos), que son el 40% de los argentinos.

Pero los que dan por fenecida la crisis se engañan a sí mismos.

La feroz competencia entre los pulpos para ver quién sobrevive se está dirimiendo con despidos, paritarias suspendidas y ritmos más intensos de trabajo.

Las cajas del Estado han sido vaciadas, precisamente, para pagar la deuda pública y para salvar a esos monopolios en crisis.

¡Hasta la General Motors fue subsidiada con los fondos de la Anses!

Ahora, quieren enjugar la quiebra fiscal con impuestazos y nuevos ajustes a la educación y la salud.

Pero, también, endeudando al país en condiciones de usura.

Para que el presupuesto 2010 banque a los nuevos y viejos usureros, tendremos que afrontar mayores tarifazos.

En cambio, no van a gravar al gran capital inmobiliario o terrateniente, que paga impuestos sesenta veces inferiores a lo que valen sus propiedades.

A pesar del gigantesco sacrificio que quieren imponerle al pueblo, la recuperación que pregonan no pasa de una nueva bicicleta financiera, que volará por los aires como todas las que la precedieron.

Para los pulpos y su Estado, la salida de la crisis es una excusa para la liquidación de los convenios, despidos sin costo, paritarias y sueldos congelados.

Más que nunca: ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

Prohibición de despidos y suspensiones. Reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario.

Salario igual a la canasta familiar, hoy en los 4.400 pesos. 82% móvil para los jubilados. Que se reabran las paritarias.

Subsidio al desocupado equivalente al 82% de la canasta familiar.

Que la protección social se financie con impuestos al capital, no liquidando planes sociales ni con aumentos impositivos a los consumidores.

¡Abajo el ajustazo a los maestros y a la salud!

Impuestos progresivos al gran capital agrario e inmobiliario, de acuerdo con la valuación de mercado de sus propiedades.

Los maestros de la Capital y de Buenos Aires; los luchadores de la salud de Tucumán y Río Negro, los docentes y municipales de Córdoba; los obreros de Kraft y del Subte, de Mahle y tantas otras nos están diciendo quién tiene que pagar la crisis.

Aportes a la Conferencia Sindical que convoca el Partido Obrero

El próximo 14 de noviembre tendrá lugar una conferencia sindical convocada por el Partido Obrero, en la que participarán delegados e invitados de todas las provincias y de todas las concentraciones industriales de Argentina. En sus objetivos figura encarar las campañas que reclama la situación actual de la crisis capitalista y de las luchas, pero su objetivo de fondo es desarrollar una discusión sobre la estrategia de los luchadores sindicales. El texto que se va a leer es un borrador. En lo esencial, pretende caracterizar el presente histórico del movimiento obrero en Argentina y determinar una política y una táctica adecuadas a esta situación. Cuando más agudas y apremiantes son las luchas en curso, más resulta necesario caracterizar la situación de conjunto.

1. El movimiento sindical atraviesa una etapa de transición política. De un lado, la vieja burocracia sindical, ahora con el ropaje del moyanismo y de una CTA en parte kirchnerizada, asiste a una crisis irreversible. Del otro lado, se desarrolla de nuevo un movimiento clasista en los sindicatos, que tiene su origen en la emergencia del Cuerpo de Delegados del Subte, que arranca de antes del argentinazo, y la conquista de la jornada de seis horas, y en varias ocupaciones de fábrica contra el vaciamiento de empresas. La tarea que tiene por delante la nueva generación de luchadores es completar esta transición política para reestructurar al movimiento sindical sobre una base clasista.

La historia del movimiento obrero de Argentina ha estado marcada por sucesivas etapas de transición. No se trata aquí de mencionar a todas o a las más importantes, sino demostrar el esquematismo que confina al movimiento obrero a un largísimo período de inmovilismo político dominado por la burocracia sindical integrada al Estado y ligada al peronismo. En los últimos treinta años, el movimiento obrero ha conocido las siguientes etapas:

a) De un lado, la reestructuración de la CGT bajo la figura de Ubaldini, que arranca desde mucho antes de la retirada de la dictadura y que anticipa esa caída; del otro, el desarrollo de una tendencia parcialmente independiente de la burocracia sindical, que se manifestará, por sobre todo, en el ingreso de la corriente clasista de la Naranja, como tendencia autónoma, en la dirección Sindicato Gráfico; en la expulsión de West Ocampo del sindicato de la sanidad de la Capital; en el desarrollo de fuertes corrientes “naranjas” en la Uocra y en el surgimiento de una nueva dirección en la seccional de Neuquén, y en el cambio de dirección en Ctera (que pasa al control de la actual Lista Celeste). Esta etapa se cierra, en parte, con la derrota de la gran huelga indefinidida de docentes, en 1988, y con la capitulación de la nueva dirección de Sanidad ante la burocracia. Esta transición ingresa en una crisis profunda con la reestructuración que impulsa el gobierno de Menem en la dirección de la economía y de la política, concretamente, las privatizaciones y la convertibilidad. Este giro demuestra dos cosas: uno, que la transición política en los sindicatos se encuentra condicionada en forma estrecha con la evolución general de la crisis política en el país; dos, que el seguidismo político a la burguesía nacional y al peronismo, por parte del llamado progresismo sindical, ofreció un instrumento político para someter al movimiento obrero desde el Estado. Estas lecciones destruyen desde la raíz la tesis que sostiene la posibilidad de desarrollar un movimiento sindical clasista ligado a la burguesía nacional o incluso políticamente neutral;

b) El reordenamiento de las relaciones sociales que establece el menemismo inaugura una nueva transición sindical. De un lado, se establece una CGT ligada a las privatizaciones y a la defensa de la flexibilidad laboral, mientras del otro lado se desarrolla una oposición que tendrá a la cabeza un frente formado por el MTA (Moyano), la CTA (De Gennaro) y la CCC (el Perro Santillán). En este período, el clasismo se encuentra aislado y juega como segundo violín de las iniciativas del frente sindical de oposición a la burocracia de los ‘gordos’ de la CGT. El frente opositor se sumó al recambio político que impulsaba la burguesía afectada por la política menemista; este recambio se concretará con la victoria de la Alianza, en 1999.

Esta etapa se cierra enseguida después de la victoria de la Alianza con la movilización que convoca Moyano en febrero de 2000. Se rompe de este modo el frente de las direcciones opositoras, ruptura que es definitiva a partir de diciembre de 2001.

El período del gobierno de la Alianza puso de manifiesto los límites insalvables de la CTA, que opera como correa de transmisión del gobierno de turno, y que se manifestará en forma grosera en la oposición de sus dirigentes al levantamiento popular de 2001. El planteo de la CTA (pluralismo de centrales sindicales y sindicatos, y organización policlasista con la incorporación de las pymes y los sectores del capital agrario de la FAA a la central sindical) se agota en esta etapa como consecuencia de su responsabilidad en el gobierno de la Alianza.
En la actualidad, la burocracia de la CTA pretende obtener su reconocimiento gremial actuando como comparsa del kirchnerismo.

2. La transición actual está marcada por fenómenos diversos. Desde antes de la crisis de 2001 se produce la unificación nacional del movimiento piquetero, en el cual convergen numerosas organizaciones políticas y distintas expresiones de base del movimiento obrero. Por su militancia enérgica, el movimiento piquetero será, durante un período importante, el auxiliar principal de las manifestaciones de luchas de clases en las empresas y los sindicatos, como ocurre en el Subte y en las numerosas fábricas que enfrentan los despidos mediante la ocupación de las instalaciones. La combatividad que manifiestan los primeros núcleos sindicales que se desarrollan al margen de la burocracia reconoce la influencia del movimiento piquetero. En una primera fase de la crisis abierta en 2001, la burocracia sindical se mueve a la deriva. Con el ascenso de Kirchner encuentra un nuevo eje político: el gobierno K, su planteo de protección de la burguesía industrial mediante una moneda devaluada y, como moneda de cambio, la convocatoria de las paritarias y la modificación de unas pocas leyes laborales del menemismo (pero preservando la reforma laboral Banelco, que establece los convenios articulados y reglamenta la flexibilidad laboral). La reconstrucción del Estado que emprende el kirchnerismo habilita al moyanismo a: uno, tomar bajo su dirección a la CGT; dos, impulsar las movilizaciones de reencuadramiento sindical para plantear la nivelación hacia arriba de los convenios de trabajo. Esta acción le permite lanzar una ofensiva limitada contra la burocracia de los ‘gordos’ y el manejo de las cajas sociales. El frente moyano-kirchnerista se da a sí mismo un tono populista para clausurar el desarrollo piquetero, mediante la cooptación, y para contener las tendencias de izquierda en el movimiento obrero.

Agotamiento del kirchnerismo y crisis mundial

3. La transición política que se plantea ahora en el movimiento obrero es un resultado de factores concurrentes. Pero tienen una misma matriz política: el veloz agotamiento del kirchnerismo. De nuevo: el proceso sindical se encuentra condicionado por factores sociales y políticos de conjunto; esto no se debe perder nunca de vista. El kirchnerismo consolida la pérdida de poder adquisitivo del salario generada por la crisis de 2001. Con la inflación y la crisis mundial, el poder adquisitivo de los obreros sindicalizados ha vuelto a caer, mientras tienen lugar despidos masivos y suspensiones, en especial entre compañeros contratados. El agotamiento del periodo kirchnerista se manifiesta, en lo relativo a los sindicatos, en la suspensión de las paritarias, lo cual implica una ruptura del equilibrio inestable entre el Estado y las patronales, de un lado, y los sindicatos, del otro. Otra manifestación de la quiebra de este equilibrio es la impotencia oficial frente al vaciamiento patronal, como se ve en Massuh, Mahle, Civec y hasta en Paraná Metal, y en la crisis que sufren las gestiones de las empresas recuperadas existentes.

La crisis capitalista mundial abarca un extenso período, que cubre varias etapas –desde antes de la década del ’70. Todas las crisis nacionales fueron detonadas por tal o cual fase de la crisis mundial. La bancarrota capitalista que se desarrolla desde mediados de 2007 no es, por lo tanto, la interrupción de un proceso de estabilidad. La condición social de las masas sigue una curva descendente, zigzagueante en el tiempo y desigual según las categorías de trabajadores, desde hace cuarenta años. En el momento actual, a la ola de despidos determinada por la recesión industrial, la acompañan fuertes reestructuraciones laborales. La tendencia a salir de la crisis pasa por una acentuacón de la presión de las patronales. El mejor ejemplo son los planes de Kraft para sustituir los tres turnos por el turno americano de dos y su continuo desconocimiento de las categorías. Exactamente los métodos a los que se atribuyen la ola de suicidios en France Telecom.

La bancarrota capitalista priva de márgenes de maniobra a la burocracia sindical, la cual en todo el mundo, sin excepción, se ha adaptado a los planes de rescate de los capitalistas por parte del Estado. Su línea general es aceptar los despidos de contratados; apelar al seguro al parado; financiar las suspensiones con recursos estatales. Para la burocracia, aparentemente, la crisis sería de corta duración por obra de la intervención del Estado. Pero pretende desconocer que la recuperación está condicionada a una enorme reestructuración laboral contra el proletariado. El inmovilismo de las burocracias sindicales está produciendo, como consecuencia, estallidos parciales y localizados de numerosos contingentes de trabajadores en la mayor parte de los países y una crítica cada vez mayor a la burocracia. La crisis fiscal que provoca la bancarrota capitalista y las operaciones de rescate se comienza a manifestar en despidos de trabajadores del Estado y en huelgas generales de este sector. La transición en los sindicatos se manifiesta en todo el mundo de un modo vacilante e irregular, pero en muchos de ellos (Argentina, Brasil, México o Corea del Sur y hasta China) es una tendencia que pugna por abrirse paso.

Una nueva dirección

La culminación del tránsito político en cuestión consiste en la expulsión de la caduca burocracia sindical y en el desarrollo de una dirección revolucionaria. Este fue el planteo de los años ’70, cuando la tendencia clasista adquirió su mayor vigor. La transición no se completó debido a diversas limitaciones políticas y fue liquidada por la feroz derrota propinada por la dictadura militar. Hay que destacar que para poner fin a esa transición fue necesaria una modificación feroz del conjunto de las condiciones políticas. No fue contenida ‘pacíficamente’ por parte de la burocracia sindical (que, por otra parte, tuvo que aliarse a la Triple A) ni del movimiento peronista. En la situación actual, a diferencia de los ’70, ninguna de las corrientes que actúa en el movimiento obrero plantea el objetivo de una nueva dirección, de carácter clasista, lo cual es la expresión de una adaptación al marco democrático. Las distintas tendencias que se ubican en la izquierda del movimiento obrero, con excepción del Partido Obrero, plantean un desarrollo ligado a la CTA, a la cual le atribuyen un rol ‘protector’ (a pesar suyo) del crecimiento clasista. No es casual que esté ausente en la izquierda una caracterización de la transición sindical, o sea de sus tendencias agonizantes y de sus tendencias emergentes. La transición es un movimiento de negación de la situación existente. La transición expresa, por un lado, la disolución y descomposición del sindicalismo de colaboración de clases integrado al Estado y, por el otro, el desarrollo de una nueva perspectiva histórica en el movimiento obrero.

La CTA se encuentra integrada al Estado a igual título, aunque bajo formas diferentes, que la CGT. Desarrolla el colaboracionismo de clase en una forma incluso superior, pues sus estatutos prevén la integración de sectores autónomos, con la intención de neutralizar a los que se encuentran sindicalizados, o incluso a sectores que explotan trabajo asalariado. Desde el punto de visto político se ha asimilado a la burocracia de la CGT, pues forma parte del gobierno kirchnerista. La oposición interna al oficialismo en la CTA es muy variada, pero (a excepción del PO) es circunstancial, no de principios, pues no concibe a los sindicatos como escuela de la lucha de clases y de la revolución social. Al igual que en la CGT, están ausentes los planteos básicos de la democracia y autonomía sindicales: renovación y revocabilidad de mandatos; soberanía de las asambleas; plenarios de delegados con mandato; ruptura con el gobierno e independencia del Estado. No puede hacerse una distinción de principios entre las fracciones de Yasky y De Gennaro. En el conflicto agrario fueron apéndices de dos fracciones opuestas de la burguesía. La CTA ha fracasado en toda la línea como posibilidad alternativa; es, a todos los fines prácticos, un complemento de la burocracia de la CGT, con la cual comparte la dirección de varios sindicatos, por ejemplo, Foetra. El conflicto en Kraft no solamente la tuvo mirando desde la tribuna (mientras apoyaba, simultáneamente, otras acciones del gobierno), sino que puso de manifiesto su hostilidad a secundar, siquiera, una lucha que delimitó campos a nivel nacional. Esta descomunal incapacidad le salió por la culata, pues terminó en una ratificación de la negativa, de parte del gobierno, a concederle la personería sindical. Los supuestos protectores quedaron a la intemperie. Es consecuencia de su ilimitada cobardía política.

4. La transición política en el movimiento sindical tuvo en los últimos meses manifestaciones aleccionadoras. En el Subte, Kraft, Mahle, Massuh, Paraná Metal, Cive, Ingenio El Tabacal, los petroleros de Santa Cruz, docentes de Suteba. Recientemente, esta tendencia cobró un relieve extraordinario con la votación extraordinaria de la Lista Multicolor en las elecciones para Consejo en Suteba. Estos procesos, que la prensa devalúa como ‘internas’, son manifestaciones concretas de la tendencia a la disolución de la burocracia sindical y al desarrollo de un nuevo período político. En estos y otros miles de casos similares (papeleros, petroquímicos, varias seccionales metalúrgicas, mineros), la mediación de la burocracia (colaboración de clases) es quebrada por una tendencia de los trabajadores a reapropiarse de su organización.

Es una tendencia a la reorganización social y política sobre nuevas bases. Es por esto que esas movilizaciones evocan un movimiento de solidaridad abierto o difuso en las masas, e incluso crisis políticas. Al mismo tiempo, pone de manifiesto la crisis de la dominación política de la burguesía. Se ponen de manifiesto las contradicciones de la limitada democracia capitalista y de la conciliación de clases.

Otro aspecto de la disolución de la burocracia es su creciente implicación en corrupciones económicas que sacuden a la sociedad o su vinculación con actividades y con crímenes mafiosos. La mayor parte de la burocracia, incluida la de la CTA, se ha convertido en una casta semi-patronal o semi-capitalista.

La transición de la que estamos hablando está vinculada a una transición histórica más amplia, que la pone en perspectiva y determinada su contenido. Nos referimos a la bancarrota capitalista internacional y a la carga suplementaria que impone a las masas. Las reivindicaciones más elementales del período en curso (derecho al trabajo, ingreso mínimo igual al costo de la canasta familiar), así como aquellas que tienen que ver con las conquistas perdidas (recuperación de las ocho horas y del contrato laboral por tiempo indeterminado, control de los ritmos de producción, libertad de afiliación sindical); estas reivindicaciones son contradictorias y, en cierto punto, incompatibles, con el régimen capitalista; en todo caso requieren un despliegue de la acción directa de las masas. En estas condiciones, la transición sindical está presidida por un contenido anticapitalista. La crisis de conjunto del capitalismo pone en relieve el abismo que separa a las masas y al movimiento clasista de la burocracia sindical.

Programa y organización

5. La transición política en el movimiento obrero solamente puede ser completada a partir de un programa y por medio de una organización. Destacar de la forma más aguda su tendencia no debe hacernos pasar por alto su carácter embrionario. Esto significa que es necesario un sistemático trabajo de preparación, que puede verse apremiado por una aceleración del ritmo de la crisis y de la lucha entre las clases. Esta preparación necesita desarrollar las agrupaciones clasistas, por lo menos en los sindicatos principales. Significa un trabajo planificado para sortear las represiones de la patronal y de la burocracia; un trabajo de propaganda y formación política; la organización de la intervención en las luchas mediante la agitación y la organización. El llamado a formar movimientos nacionales, bajo la influencia de acontecimientos episódicos, está condenado al fracaso. Es necesaria una maduración política sobre la base de la lucha y de la organización.

Los nuevos movimientos sindicales no solamente existen como oposición en los sindicatos; tienen también expresiones dirigentes en distintos niveles, que han surgido con independencia de la CGT y de la CTA. Son los casos del Cuerpo de Delegados del Subte; de los ceramistas de Neuquén; de varias seccionales de Suteba; del nuevo cuerpo de delegados del Tabacal –más allá de esto, de numerosas internas en sindicatos como gráficos, papeleros, metalúrgicos, docentes, periodistas, no docentes, mineros, pintura, ferroviarios, televisión, telefónicos, docentes universitarios, neumáticos, carne, entre otros. No han nacido por la acción de ningún aparato, vieron la luz como consecuencia de la lucha. Su perspectiva objetiva apunta a expulsar a la burocracia de los sindicatos y organizar una dirección anticapitalista y revolucionaria. El planteo de contener estas expresiones parciales de nueva dirección en el campo de la CTA, para desarrollarse bajo su alero, equivale a su liquidación política. Este movimiento solamente puede desarrollarse por medio de la delimitación con la CTA, la cual es una burocracia que opera como una rueda auxiliar del Estado. Es necesario confrontar con el planteo ‘pluralista’ de la burocracia de la CTA, en primer lugar por medio de un programa, no escamotearlo. La crítica a la política de la CTA y la denuncia de su fracaso para ofrecer una alternativa a la burocracia de la CGT servirán para abrir un proceso de deliberación y debate. Esto significa que se convoque a un Congreso de bases de la CTA y de todos sus sindicatos, o sea un Congreso de delegados electos y con mandato. Con este planteo de Congreso de Bases, las nuevas direcciones clasistas podrían proponer un frente único a las corrientes combativas dentro de la oposición a la burocracia que existen, multivariadas, en la CTA. El planteo de una disolución dentro de la CTA está directamente ligado al abandono del planteo de una nueva dirección, de carácter clasista, del movimiento obrero.

Como se ha dicho, es necesario, en el próximo periodo, desarrollar las agrupaciones que ya existen o formar otras nuevas – por lo menos en los sindicatos principales– y, por lo tanto, desarrollar los instrumentos para su trabajo – en primer lugar los boletines o prensas sindicales– que en muchos casos deberán circular de mano en mano o en forma ‘clandestina’. En numerosos casos, estas agrupaciones se encuentran en relación con otras agrupaciones que también son críticas de la burocracia sindical, pero que actúan con otras bases y perspectivas políticas – como ya se señaló, la tendencia a la adaptación a la burocracia de la CTA y el retiro del planteo de una nueva dirección. En estos casos es necesario combatir el faccionalismo, que es siempre un factor desmoralizante en el trabajo sindical. La comprensión del carácter transicional de este período servirá para destacar los objetivos de conjunto del nuevo movimiento obrero y clarificar su política y sus métodos.


6. La conferencia sindical que convoca el Partido Obrero debe ser organizada minuciosamente, o sea con una discusión clara con todas las agrupaciones y activistas invitados, y preparada con reuniones e intercambios de opiniones, que se manifiesten en contribuciones y aportes al programa, desde todo origen. Entre los grandes temas, se apuntan: a) un programa de reivindicaciones frente a la crisis capitalista; b) una campaña para la reapertura de las paritarias con delegados electos; c) el destino de las fábricas recuperadas y la crítica a la autogestión bajo el capitalismo; d) el método de desarrollo de las agrupaciones sindicales; e) los métodos de una campaña nacional de apoyo a las luchas, como las que protagonizan el Subte, Kraft, Mahle y Paraná Metal, o el conflicto potencialmente explosivo de los pulpos del ramo con los trabajadores petroleros; y los métodos de una campaña por una huelga nacional de la CGT y de la CTA.