Reforma política: un corralito

Ocho años después de 2001, el kirchnerismo quiere imponer su propio corralito, en este caso de carácter político. La “reforma” anunciada por los Kirchner pretende, con el argumento de remediar la fragmentación política de oficialistas y opositores, producir una polarización en la segunda vuelta en 2011. Va por una nueva reconstrucción del Estado.

Después del 28 de junio, los Kirchner pudieron a duras penas impedir las deserciones políticas de gobernadores e intendentes. Con la reforma política, los candidatos deberán ser electos a través de una interna abierta, simultánea, con elevados requisitos de votantes. Por caso, la primaria presidencial de un partido o de una alianza debería recoger no menos de medio millón de votos. Naturalmente, la interna beneficia a los grandes aparatos políticos. El primer propósito del kirchnerismo es obligar a las facciones peronistas de los gobiernos provinciales o municipales a quedarse dentro del redil oficialista. Si los Duhalde, Solá o Reutemann quisieran saltar el cerco, tendrán que conformar un aparato propio. La reforma también impediría a los gobernadores reelegirse por fuera de su partido “original”, o sea el PJ kirchnerista. El corralito afectaría, en este caso, a los Urtubey, Capitanich o Reutemann, que se han insinuado para suceder a los K.

Con la reforma, el gobierno también arrojó una piedra al río revuelto de la oposición. Por un lado beneficia a la UCR, el único aparato opositor que cumpliría cómodamente con el piso de votantes exigidos en las primarias. Pero, al mismo tiempo, enfrenta a los radicales con sus aliados menores (Carrió), sin los cuales no podrían aspirar a derrotar el peronismo. La reforma también empuja a Cobos a regresar a la UCR, lo que el vicepresidente ya anunció. Desde ahí, trataría de negociar con De Narváez o Macri en la segunda vuelta. Nadie cree que ganará la primera vuelta; según los sondeos sacarían alrededor del 30%.

Los opositores resolvieron no concurrir al acto de lanzamiento de la “reforma”. Pero el desplante no va a quitarle el sueño a los Kirchner; la UCR está negociando con el gobierno la letra chica de la nueva ley. Por su parte, el sojero Binner ya anunció el apoyo del bloque socialista al engendro oficial.

El tiro ¿por la culata?

El resurgido Duhalde anunció que va por un millón y medio de afiliaciones para su “Confederación peronista bonaerense”. Ello le permitiría postularse a presidente por cuerda separada o, alternativamente, disputarle a Kirchner la “primaria” dentro del PJ oficial. Pero dos de los caciques del conurbano, Pereyra (Varela) y Mussi (Berazategui), acaban de presentar otra “reforma”, en este caso a la ley bonaerense de municipios, para que las elecciones comunales puedan separarse de las provinciales o nacionales. Así, los intendentes ganarían libertad para negociar sus apoyos, en las primarias o en la general, a uno u otro candidato.

Se vuelve a dar el distanciamiento entre los intendentes y el matrimonio que se reflejó en las urnas el 28 de junio.

Por su parte, Moyano ha conchabado a Pérsico y D’Elía para su “movimiento peronista”, con el que aspira a terciar en la disputa por la caja social del Estado y su participación en la interna del PJ.
El corralito de la reforma podría terminar agravando el desbande oficial.

Proscripción

La reforma también apunta a proscribir la presentación electoral de los partidos de izquierda.

En las pasadas elecciones de junio, el Partido Obrero obtuvo votaciones significativas en numerosos distritos, como Salta, Santa Cruz, Catamarca, el cordón industrial de San Lorenzo o Río Negro, pero está lejos del piso que la reforma K exige a nivel nacional. La reforma quiere empujar a los votantes de la izquierda y a los trabajadores dentro del corralito de las alternativas políticas capitalistas.

Tenemos que integrar la denuncia de esta reforma reaccionaria a la agenda integral de lucha contra la crisis capitalista. Defendamos el derecho a la organización política independiente de los trabajadores, para ejercer sin proscripciones la lucha contra el régimen social del tarifazo, el congelamiento salarial, los despidos y la flexibilidad laboral.

Marcelo Ramal

MÁS QUE NUNCA

Que la crisis la paguen los capitalistas

Lo peor de la crisis pasó”, repiten al unísono los voceros oficiales.

No pueden decir lo mismo los 400.000 compañeros que fueron despedidos en el último año.

Tampoco los que no llegan a la “canasta de pobreza” (1.600 pesos), que son el 40% de los argentinos.

Pero los que dan por fenecida la crisis se engañan a sí mismos.

La feroz competencia entre los pulpos para ver quién sobrevive se está dirimiendo con despidos, paritarias suspendidas y ritmos más intensos de trabajo.

Las cajas del Estado han sido vaciadas, precisamente, para pagar la deuda pública y para salvar a esos monopolios en crisis.

¡Hasta la General Motors fue subsidiada con los fondos de la Anses!

Ahora, quieren enjugar la quiebra fiscal con impuestazos y nuevos ajustes a la educación y la salud.

Pero, también, endeudando al país en condiciones de usura.

Para que el presupuesto 2010 banque a los nuevos y viejos usureros, tendremos que afrontar mayores tarifazos.

En cambio, no van a gravar al gran capital inmobiliario o terrateniente, que paga impuestos sesenta veces inferiores a lo que valen sus propiedades.

A pesar del gigantesco sacrificio que quieren imponerle al pueblo, la recuperación que pregonan no pasa de una nueva bicicleta financiera, que volará por los aires como todas las que la precedieron.

Para los pulpos y su Estado, la salida de la crisis es una excusa para la liquidación de los convenios, despidos sin costo, paritarias y sueldos congelados.

Más que nunca: ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

Prohibición de despidos y suspensiones. Reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario.

Salario igual a la canasta familiar, hoy en los 4.400 pesos. 82% móvil para los jubilados. Que se reabran las paritarias.

Subsidio al desocupado equivalente al 82% de la canasta familiar.

Que la protección social se financie con impuestos al capital, no liquidando planes sociales ni con aumentos impositivos a los consumidores.

¡Abajo el ajustazo a los maestros y a la salud!

Impuestos progresivos al gran capital agrario e inmobiliario, de acuerdo con la valuación de mercado de sus propiedades.

Los maestros de la Capital y de Buenos Aires; los luchadores de la salud de Tucumán y Río Negro, los docentes y municipales de Córdoba; los obreros de Kraft y del Subte, de Mahle y tantas otras nos están diciendo quién tiene que pagar la crisis.

Aportes a la Conferencia Sindical que convoca el Partido Obrero

El próximo 14 de noviembre tendrá lugar una conferencia sindical convocada por el Partido Obrero, en la que participarán delegados e invitados de todas las provincias y de todas las concentraciones industriales de Argentina. En sus objetivos figura encarar las campañas que reclama la situación actual de la crisis capitalista y de las luchas, pero su objetivo de fondo es desarrollar una discusión sobre la estrategia de los luchadores sindicales. El texto que se va a leer es un borrador. En lo esencial, pretende caracterizar el presente histórico del movimiento obrero en Argentina y determinar una política y una táctica adecuadas a esta situación. Cuando más agudas y apremiantes son las luchas en curso, más resulta necesario caracterizar la situación de conjunto.

1. El movimiento sindical atraviesa una etapa de transición política. De un lado, la vieja burocracia sindical, ahora con el ropaje del moyanismo y de una CTA en parte kirchnerizada, asiste a una crisis irreversible. Del otro lado, se desarrolla de nuevo un movimiento clasista en los sindicatos, que tiene su origen en la emergencia del Cuerpo de Delegados del Subte, que arranca de antes del argentinazo, y la conquista de la jornada de seis horas, y en varias ocupaciones de fábrica contra el vaciamiento de empresas. La tarea que tiene por delante la nueva generación de luchadores es completar esta transición política para reestructurar al movimiento sindical sobre una base clasista.

La historia del movimiento obrero de Argentina ha estado marcada por sucesivas etapas de transición. No se trata aquí de mencionar a todas o a las más importantes, sino demostrar el esquematismo que confina al movimiento obrero a un largísimo período de inmovilismo político dominado por la burocracia sindical integrada al Estado y ligada al peronismo. En los últimos treinta años, el movimiento obrero ha conocido las siguientes etapas:

a) De un lado, la reestructuración de la CGT bajo la figura de Ubaldini, que arranca desde mucho antes de la retirada de la dictadura y que anticipa esa caída; del otro, el desarrollo de una tendencia parcialmente independiente de la burocracia sindical, que se manifestará, por sobre todo, en el ingreso de la corriente clasista de la Naranja, como tendencia autónoma, en la dirección Sindicato Gráfico; en la expulsión de West Ocampo del sindicato de la sanidad de la Capital; en el desarrollo de fuertes corrientes “naranjas” en la Uocra y en el surgimiento de una nueva dirección en la seccional de Neuquén, y en el cambio de dirección en Ctera (que pasa al control de la actual Lista Celeste). Esta etapa se cierra, en parte, con la derrota de la gran huelga indefinidida de docentes, en 1988, y con la capitulación de la nueva dirección de Sanidad ante la burocracia. Esta transición ingresa en una crisis profunda con la reestructuración que impulsa el gobierno de Menem en la dirección de la economía y de la política, concretamente, las privatizaciones y la convertibilidad. Este giro demuestra dos cosas: uno, que la transición política en los sindicatos se encuentra condicionada en forma estrecha con la evolución general de la crisis política en el país; dos, que el seguidismo político a la burguesía nacional y al peronismo, por parte del llamado progresismo sindical, ofreció un instrumento político para someter al movimiento obrero desde el Estado. Estas lecciones destruyen desde la raíz la tesis que sostiene la posibilidad de desarrollar un movimiento sindical clasista ligado a la burguesía nacional o incluso políticamente neutral;

b) El reordenamiento de las relaciones sociales que establece el menemismo inaugura una nueva transición sindical. De un lado, se establece una CGT ligada a las privatizaciones y a la defensa de la flexibilidad laboral, mientras del otro lado se desarrolla una oposición que tendrá a la cabeza un frente formado por el MTA (Moyano), la CTA (De Gennaro) y la CCC (el Perro Santillán). En este período, el clasismo se encuentra aislado y juega como segundo violín de las iniciativas del frente sindical de oposición a la burocracia de los ‘gordos’ de la CGT. El frente opositor se sumó al recambio político que impulsaba la burguesía afectada por la política menemista; este recambio se concretará con la victoria de la Alianza, en 1999.

Esta etapa se cierra enseguida después de la victoria de la Alianza con la movilización que convoca Moyano en febrero de 2000. Se rompe de este modo el frente de las direcciones opositoras, ruptura que es definitiva a partir de diciembre de 2001.

El período del gobierno de la Alianza puso de manifiesto los límites insalvables de la CTA, que opera como correa de transmisión del gobierno de turno, y que se manifestará en forma grosera en la oposición de sus dirigentes al levantamiento popular de 2001. El planteo de la CTA (pluralismo de centrales sindicales y sindicatos, y organización policlasista con la incorporación de las pymes y los sectores del capital agrario de la FAA a la central sindical) se agota en esta etapa como consecuencia de su responsabilidad en el gobierno de la Alianza.
En la actualidad, la burocracia de la CTA pretende obtener su reconocimiento gremial actuando como comparsa del kirchnerismo.

2. La transición actual está marcada por fenómenos diversos. Desde antes de la crisis de 2001 se produce la unificación nacional del movimiento piquetero, en el cual convergen numerosas organizaciones políticas y distintas expresiones de base del movimiento obrero. Por su militancia enérgica, el movimiento piquetero será, durante un período importante, el auxiliar principal de las manifestaciones de luchas de clases en las empresas y los sindicatos, como ocurre en el Subte y en las numerosas fábricas que enfrentan los despidos mediante la ocupación de las instalaciones. La combatividad que manifiestan los primeros núcleos sindicales que se desarrollan al margen de la burocracia reconoce la influencia del movimiento piquetero. En una primera fase de la crisis abierta en 2001, la burocracia sindical se mueve a la deriva. Con el ascenso de Kirchner encuentra un nuevo eje político: el gobierno K, su planteo de protección de la burguesía industrial mediante una moneda devaluada y, como moneda de cambio, la convocatoria de las paritarias y la modificación de unas pocas leyes laborales del menemismo (pero preservando la reforma laboral Banelco, que establece los convenios articulados y reglamenta la flexibilidad laboral). La reconstrucción del Estado que emprende el kirchnerismo habilita al moyanismo a: uno, tomar bajo su dirección a la CGT; dos, impulsar las movilizaciones de reencuadramiento sindical para plantear la nivelación hacia arriba de los convenios de trabajo. Esta acción le permite lanzar una ofensiva limitada contra la burocracia de los ‘gordos’ y el manejo de las cajas sociales. El frente moyano-kirchnerista se da a sí mismo un tono populista para clausurar el desarrollo piquetero, mediante la cooptación, y para contener las tendencias de izquierda en el movimiento obrero.

Agotamiento del kirchnerismo y crisis mundial

3. La transición política que se plantea ahora en el movimiento obrero es un resultado de factores concurrentes. Pero tienen una misma matriz política: el veloz agotamiento del kirchnerismo. De nuevo: el proceso sindical se encuentra condicionado por factores sociales y políticos de conjunto; esto no se debe perder nunca de vista. El kirchnerismo consolida la pérdida de poder adquisitivo del salario generada por la crisis de 2001. Con la inflación y la crisis mundial, el poder adquisitivo de los obreros sindicalizados ha vuelto a caer, mientras tienen lugar despidos masivos y suspensiones, en especial entre compañeros contratados. El agotamiento del periodo kirchnerista se manifiesta, en lo relativo a los sindicatos, en la suspensión de las paritarias, lo cual implica una ruptura del equilibrio inestable entre el Estado y las patronales, de un lado, y los sindicatos, del otro. Otra manifestación de la quiebra de este equilibrio es la impotencia oficial frente al vaciamiento patronal, como se ve en Massuh, Mahle, Civec y hasta en Paraná Metal, y en la crisis que sufren las gestiones de las empresas recuperadas existentes.

La crisis capitalista mundial abarca un extenso período, que cubre varias etapas –desde antes de la década del ’70. Todas las crisis nacionales fueron detonadas por tal o cual fase de la crisis mundial. La bancarrota capitalista que se desarrolla desde mediados de 2007 no es, por lo tanto, la interrupción de un proceso de estabilidad. La condición social de las masas sigue una curva descendente, zigzagueante en el tiempo y desigual según las categorías de trabajadores, desde hace cuarenta años. En el momento actual, a la ola de despidos determinada por la recesión industrial, la acompañan fuertes reestructuraciones laborales. La tendencia a salir de la crisis pasa por una acentuacón de la presión de las patronales. El mejor ejemplo son los planes de Kraft para sustituir los tres turnos por el turno americano de dos y su continuo desconocimiento de las categorías. Exactamente los métodos a los que se atribuyen la ola de suicidios en France Telecom.

La bancarrota capitalista priva de márgenes de maniobra a la burocracia sindical, la cual en todo el mundo, sin excepción, se ha adaptado a los planes de rescate de los capitalistas por parte del Estado. Su línea general es aceptar los despidos de contratados; apelar al seguro al parado; financiar las suspensiones con recursos estatales. Para la burocracia, aparentemente, la crisis sería de corta duración por obra de la intervención del Estado. Pero pretende desconocer que la recuperación está condicionada a una enorme reestructuración laboral contra el proletariado. El inmovilismo de las burocracias sindicales está produciendo, como consecuencia, estallidos parciales y localizados de numerosos contingentes de trabajadores en la mayor parte de los países y una crítica cada vez mayor a la burocracia. La crisis fiscal que provoca la bancarrota capitalista y las operaciones de rescate se comienza a manifestar en despidos de trabajadores del Estado y en huelgas generales de este sector. La transición en los sindicatos se manifiesta en todo el mundo de un modo vacilante e irregular, pero en muchos de ellos (Argentina, Brasil, México o Corea del Sur y hasta China) es una tendencia que pugna por abrirse paso.

Una nueva dirección

La culminación del tránsito político en cuestión consiste en la expulsión de la caduca burocracia sindical y en el desarrollo de una dirección revolucionaria. Este fue el planteo de los años ’70, cuando la tendencia clasista adquirió su mayor vigor. La transición no se completó debido a diversas limitaciones políticas y fue liquidada por la feroz derrota propinada por la dictadura militar. Hay que destacar que para poner fin a esa transición fue necesaria una modificación feroz del conjunto de las condiciones políticas. No fue contenida ‘pacíficamente’ por parte de la burocracia sindical (que, por otra parte, tuvo que aliarse a la Triple A) ni del movimiento peronista. En la situación actual, a diferencia de los ’70, ninguna de las corrientes que actúa en el movimiento obrero plantea el objetivo de una nueva dirección, de carácter clasista, lo cual es la expresión de una adaptación al marco democrático. Las distintas tendencias que se ubican en la izquierda del movimiento obrero, con excepción del Partido Obrero, plantean un desarrollo ligado a la CTA, a la cual le atribuyen un rol ‘protector’ (a pesar suyo) del crecimiento clasista. No es casual que esté ausente en la izquierda una caracterización de la transición sindical, o sea de sus tendencias agonizantes y de sus tendencias emergentes. La transición es un movimiento de negación de la situación existente. La transición expresa, por un lado, la disolución y descomposición del sindicalismo de colaboración de clases integrado al Estado y, por el otro, el desarrollo de una nueva perspectiva histórica en el movimiento obrero.

La CTA se encuentra integrada al Estado a igual título, aunque bajo formas diferentes, que la CGT. Desarrolla el colaboracionismo de clase en una forma incluso superior, pues sus estatutos prevén la integración de sectores autónomos, con la intención de neutralizar a los que se encuentran sindicalizados, o incluso a sectores que explotan trabajo asalariado. Desde el punto de visto político se ha asimilado a la burocracia de la CGT, pues forma parte del gobierno kirchnerista. La oposición interna al oficialismo en la CTA es muy variada, pero (a excepción del PO) es circunstancial, no de principios, pues no concibe a los sindicatos como escuela de la lucha de clases y de la revolución social. Al igual que en la CGT, están ausentes los planteos básicos de la democracia y autonomía sindicales: renovación y revocabilidad de mandatos; soberanía de las asambleas; plenarios de delegados con mandato; ruptura con el gobierno e independencia del Estado. No puede hacerse una distinción de principios entre las fracciones de Yasky y De Gennaro. En el conflicto agrario fueron apéndices de dos fracciones opuestas de la burguesía. La CTA ha fracasado en toda la línea como posibilidad alternativa; es, a todos los fines prácticos, un complemento de la burocracia de la CGT, con la cual comparte la dirección de varios sindicatos, por ejemplo, Foetra. El conflicto en Kraft no solamente la tuvo mirando desde la tribuna (mientras apoyaba, simultáneamente, otras acciones del gobierno), sino que puso de manifiesto su hostilidad a secundar, siquiera, una lucha que delimitó campos a nivel nacional. Esta descomunal incapacidad le salió por la culata, pues terminó en una ratificación de la negativa, de parte del gobierno, a concederle la personería sindical. Los supuestos protectores quedaron a la intemperie. Es consecuencia de su ilimitada cobardía política.

4. La transición política en el movimiento sindical tuvo en los últimos meses manifestaciones aleccionadoras. En el Subte, Kraft, Mahle, Massuh, Paraná Metal, Cive, Ingenio El Tabacal, los petroleros de Santa Cruz, docentes de Suteba. Recientemente, esta tendencia cobró un relieve extraordinario con la votación extraordinaria de la Lista Multicolor en las elecciones para Consejo en Suteba. Estos procesos, que la prensa devalúa como ‘internas’, son manifestaciones concretas de la tendencia a la disolución de la burocracia sindical y al desarrollo de un nuevo período político. En estos y otros miles de casos similares (papeleros, petroquímicos, varias seccionales metalúrgicas, mineros), la mediación de la burocracia (colaboración de clases) es quebrada por una tendencia de los trabajadores a reapropiarse de su organización.

Es una tendencia a la reorganización social y política sobre nuevas bases. Es por esto que esas movilizaciones evocan un movimiento de solidaridad abierto o difuso en las masas, e incluso crisis políticas. Al mismo tiempo, pone de manifiesto la crisis de la dominación política de la burguesía. Se ponen de manifiesto las contradicciones de la limitada democracia capitalista y de la conciliación de clases.

Otro aspecto de la disolución de la burocracia es su creciente implicación en corrupciones económicas que sacuden a la sociedad o su vinculación con actividades y con crímenes mafiosos. La mayor parte de la burocracia, incluida la de la CTA, se ha convertido en una casta semi-patronal o semi-capitalista.

La transición de la que estamos hablando está vinculada a una transición histórica más amplia, que la pone en perspectiva y determinada su contenido. Nos referimos a la bancarrota capitalista internacional y a la carga suplementaria que impone a las masas. Las reivindicaciones más elementales del período en curso (derecho al trabajo, ingreso mínimo igual al costo de la canasta familiar), así como aquellas que tienen que ver con las conquistas perdidas (recuperación de las ocho horas y del contrato laboral por tiempo indeterminado, control de los ritmos de producción, libertad de afiliación sindical); estas reivindicaciones son contradictorias y, en cierto punto, incompatibles, con el régimen capitalista; en todo caso requieren un despliegue de la acción directa de las masas. En estas condiciones, la transición sindical está presidida por un contenido anticapitalista. La crisis de conjunto del capitalismo pone en relieve el abismo que separa a las masas y al movimiento clasista de la burocracia sindical.

Programa y organización

5. La transición política en el movimiento obrero solamente puede ser completada a partir de un programa y por medio de una organización. Destacar de la forma más aguda su tendencia no debe hacernos pasar por alto su carácter embrionario. Esto significa que es necesario un sistemático trabajo de preparación, que puede verse apremiado por una aceleración del ritmo de la crisis y de la lucha entre las clases. Esta preparación necesita desarrollar las agrupaciones clasistas, por lo menos en los sindicatos principales. Significa un trabajo planificado para sortear las represiones de la patronal y de la burocracia; un trabajo de propaganda y formación política; la organización de la intervención en las luchas mediante la agitación y la organización. El llamado a formar movimientos nacionales, bajo la influencia de acontecimientos episódicos, está condenado al fracaso. Es necesaria una maduración política sobre la base de la lucha y de la organización.

Los nuevos movimientos sindicales no solamente existen como oposición en los sindicatos; tienen también expresiones dirigentes en distintos niveles, que han surgido con independencia de la CGT y de la CTA. Son los casos del Cuerpo de Delegados del Subte; de los ceramistas de Neuquén; de varias seccionales de Suteba; del nuevo cuerpo de delegados del Tabacal –más allá de esto, de numerosas internas en sindicatos como gráficos, papeleros, metalúrgicos, docentes, periodistas, no docentes, mineros, pintura, ferroviarios, televisión, telefónicos, docentes universitarios, neumáticos, carne, entre otros. No han nacido por la acción de ningún aparato, vieron la luz como consecuencia de la lucha. Su perspectiva objetiva apunta a expulsar a la burocracia de los sindicatos y organizar una dirección anticapitalista y revolucionaria. El planteo de contener estas expresiones parciales de nueva dirección en el campo de la CTA, para desarrollarse bajo su alero, equivale a su liquidación política. Este movimiento solamente puede desarrollarse por medio de la delimitación con la CTA, la cual es una burocracia que opera como una rueda auxiliar del Estado. Es necesario confrontar con el planteo ‘pluralista’ de la burocracia de la CTA, en primer lugar por medio de un programa, no escamotearlo. La crítica a la política de la CTA y la denuncia de su fracaso para ofrecer una alternativa a la burocracia de la CGT servirán para abrir un proceso de deliberación y debate. Esto significa que se convoque a un Congreso de bases de la CTA y de todos sus sindicatos, o sea un Congreso de delegados electos y con mandato. Con este planteo de Congreso de Bases, las nuevas direcciones clasistas podrían proponer un frente único a las corrientes combativas dentro de la oposición a la burocracia que existen, multivariadas, en la CTA. El planteo de una disolución dentro de la CTA está directamente ligado al abandono del planteo de una nueva dirección, de carácter clasista, del movimiento obrero.

Como se ha dicho, es necesario, en el próximo periodo, desarrollar las agrupaciones que ya existen o formar otras nuevas – por lo menos en los sindicatos principales– y, por lo tanto, desarrollar los instrumentos para su trabajo – en primer lugar los boletines o prensas sindicales– que en muchos casos deberán circular de mano en mano o en forma ‘clandestina’. En numerosos casos, estas agrupaciones se encuentran en relación con otras agrupaciones que también son críticas de la burocracia sindical, pero que actúan con otras bases y perspectivas políticas – como ya se señaló, la tendencia a la adaptación a la burocracia de la CTA y el retiro del planteo de una nueva dirección. En estos casos es necesario combatir el faccionalismo, que es siempre un factor desmoralizante en el trabajo sindical. La comprensión del carácter transicional de este período servirá para destacar los objetivos de conjunto del nuevo movimiento obrero y clarificar su política y sus métodos.


6. La conferencia sindical que convoca el Partido Obrero debe ser organizada minuciosamente, o sea con una discusión clara con todas las agrupaciones y activistas invitados, y preparada con reuniones e intercambios de opiniones, que se manifiesten en contribuciones y aportes al programa, desde todo origen. Entre los grandes temas, se apuntan: a) un programa de reivindicaciones frente a la crisis capitalista; b) una campaña para la reapertura de las paritarias con delegados electos; c) el destino de las fábricas recuperadas y la crítica a la autogestión bajo el capitalismo; d) el método de desarrollo de las agrupaciones sindicales; e) los métodos de una campaña nacional de apoyo a las luchas, como las que protagonizan el Subte, Kraft, Mahle y Paraná Metal, o el conflicto potencialmente explosivo de los pulpos del ramo con los trabajadores petroleros; y los métodos de una campaña por una huelga nacional de la CGT y de la CTA.

KIRCHNER, CARRIO, CASARETTO

Infelices los niños

La posible creación de una “asignación universal por hijo” volvió a ganar el primer plano de la situación política. El telón de fondo de esta polémica –que envuelve al gobierno, a sus opositores y a la Iglesia–, es pavoroso. En el último año, 400.000 obreros perdieron su trabajo. En relación con lo que viene, hasta los economistas que confían en una reactivación señalan que “lo peor para el mercado laboral aún está por llegar” (Informe económico de la Universidad Di Tella). Es que la recuperación capitalista plantea una feroz competencia entre pulpos, que éstos querrán dirimir en base a despidos y mayor superexplotación laboral. Como botón de muestra, está el ataque a los obreros de Kraft. Durante este mismo año, las paritarias fueron virtualmente anuladas y los salarios se ajustaron con “techos” ubicados por debajo de la inflación real.

Mientras tanto, hasta el Indec reconoce que, en medio de la crisis, los pocos empleos que se generan son precarios. Según esas mismas estadísticas, los trabajadores “no registrados”, que son la mitad de toda la clase obrera, ganan en promedio unos 1.500 pesos. ¡Pero la “canasta básica” (línea de pobreza) ¡ya supera los 1.600 pesos! No se equivoca, entonces, quien atribuye el crecimiento de la pobreza a la “pérdida o precarización de empleo, a la suba de precios y remuneraciones planchadas en el sector informal” (Agustín Salvia, director del Observatorio de Pobreza de la UCA e investigador del Conicet, en Fortunaweb del 20/9).

A la luz de lo anterior, es evidente que el avance de la miseria social es un resultado directo de la explotación capitalista y de la tendencia de ese régimen social a trasladar sus crisis sobre los trabajadores.

¿Asistencialismo? Ni eso

Ni el gobierno ni sus opositores capitalistas tienen una salida para este crecimiento capitalista de la pobreza. Saben, incluso, que están echando más nafta a la hoguera de la miseria social. Por caso, acaban de aprobar un presupuesto 2010 que reduce sustancialmente los subsidios al transporte y otros servicios públicos, lo que van a resarcir con mayores tarifazos. Pero para los Kirchner o los Carrió, la pobreza no sería el resultado del proceso capitalista que ellos mismos promueven –y que implica despidos, suspensiones y mayor carestía. Para ellos, la miseria social sólo afecta a los “excluídos” o marginados del sistema. En ese caso, la salida a la pobreza no plantea un ataque al capital, sino que depende del asistencialismo estatal. De este modo, las asignaciones por hijo –tan meneadas por la CTA, pero también por el Banco Mundial– han vuelto a la palestra.

Pero, ¿en qué consiste el asistencialismo de un gobierno que está por someter sus cuentas al control del FMI y se prepara a “reanudar relaciones” con el capital financiero internacional? Por lo pronto, el proyecto oficial ubica la asignación por hijo en 135 pesos. Para la consultora Ecolatina, la “canasta”, no de pobreza, sino de indigencia, ascendía en julio pasado a 260 pesos por persona. O sea que la caridad oficial apenas cubre la mitad del alimento de los menores que pretende amparar. El gobierno, por otra parte, se opone a la “universalidad” del subsidio, o sea que tampoco está claro a cuántos menores alcanzaría la asignación oficial.

Cristina Kirchner ha querido zafar por izquierda de los cuestionamientos opositores, señalando que prefiere abordar la pobreza “desde el trabajo y no desde la beneficencia”. De ese modo, reivindicó al régimen de contratación de cien mil trabajadores “cooperativizados” para la obra pública. La cifra coincide con los obreros de la construcción que perdieron su trabajo con la crisis y que, en el marco del plan oficial, volverían a los andamios sin convenio ni derechos laborales. En nombre de la creación de trabajo, la “política social” del kirchnerismo apunta a la destrucción del trabajo y sus conquistas. El ingreso precario de los cooperativistas pretenderá ser un nuevo piso para la contratación laboral de los capitalistas de la construcción. Mientras se llena la boca con “los niños”, el kirchnerismo agrava las condiciones de vida y de trabajo de sus padres trabajadores.

Carrió y Casaretto

En ese cuadro, la pastoral social y el “Acuerdo Cívico” de Carrió y Morales salieron a doblarle la apuesta a la mezquindad oficial. Propusieron que la asignación por hijo llegue a la “friolera” de 180 pesos y que sea universal. Pero a la hora de explicar de dónde saldrían los recursos, la Pastoral planteó que una parte podría financiarse con “los actuales planes Familias y Jefes y Jefas de Hogar” (Clarín, 20/9). En ese caso, la “asignación por hijo” serviría de pretexto para eliminar definitivamente a los actuales planes, que permanecen sin indexar desde hace ocho años. Para Carrió y Prat Gay, de todos modos, la “universalidad” iría más lejos: con el tiempo, piensan que podría sustituir a las actuales asignaciones familiares. O sea que el “subsidio universal” serviría de coartada para barrer con conquistas obreras, que pasarían a sumergirse en el rasero común del asistencialismo estatal.

La clase obrera, frente a la pobreza

Bajo la infame pantalla común de la niñez desamparada, oficialistas y opositores quieren disimular su apoyo a la escalada capitalista contra la clase obrera, que golpea los salarios, los convenios y el derecho al trabajo. En torno de esta ofensiva, la burocracia sindical ha cerrado filas con los capitalistas y con el gobierno. En la CTA, Yasky y Lozano deben estar celebrando como una victoria política la “instalación” mediática de la asignación universal por hijo. Ello, mientras miran para otro lado en Mahle, Paraná Metal, Kraft y cualquiera de las luchas donde estuvo en juego el derecho al trabajo de miles de familias obreras. Los burócratas pretenden encontrar en el asistencialismo estatal la excusa para no luchar. Pero la caja de ese Estado está hipotecada ante el capital financiero. Los capitalistas y el gobierno sólo abrirán la billetera de la “política social” cuando sirva para promover el empleo precario (cooperativas), liquidar conquistas obreras o subsidiar capitalistas, como ocurre con el Repro.

La lucha contra la pobreza pasa, en primer lugar, por prohibir los despidos, luchar por un salario que cubra el costo de la canasta familiar, que hoy no es inferior a los 4.400 pesos; por la reapertura de las paritarias; por un subsidio al desocupado que cubra el 82% de esa canasta familiar y una jubilación móvil que parta de ese mínimo. Construyamos, en todos los sindicatos, direcciones clasistas para luchar por ese programa.

Marcelo Ramal

LOS MARISCALES DE LA POBREZA


Un día, el cura, el banquero y la Presidenta coincidieron.

“Hay que ocuparse de los niños pobres”, dijeron los mismos que condenan a sus padres a despidos, a salarios bajos, a una carestía feroz.

Aunque todos desconfiaron, la limosna ni siquiera fue grande.

Cristina quiere arreglar a los hijos de los obreros desocupados con 135 pesos. Carrió y el obispo Casaretto se “estiraron” hasta 180.

Mientras tanto, las necesidades integrales de una familia obrera ¡superan los 4.000 pesos por mes!
Los campeones de la “asignación universal” anunciaron su receta: la “universalización” de la miseria.

Para entregar estas monedas, quieren echar mano de los actuales planes Jefes y de las asignaciones familiares.

No quieren poner un peso más de la caja del Estado, que tiene otra prioridad: el FMI, el Club de París, los tarifazos.

Pero en la lista de estos mariscales de la pobreza, se anotan otros.

Los Yasky y los Moyano también aplauden esta “asignación universal”, después de tolerar el despido de 400.000 compañeros en el último año.

El porvenir de nuestros hijos y nuestros puestos de trabajo no puede depender de ellos.

En oposición a la burocracia, un nuevo movimiento obrero exige su lugar.

Como en Kraft, en Paraná Metal, en Mahle y en todas las luchas de la clase obrera contra la crisis capitalista.

La miseria política de los Kirchner y sus opositores capitalistas no tiene salida.

La miseria social sí la tiene, en una lucha, una alternativa y un programa propio de los trabajadores.

Una nueva etapa después de Kraft



Como ningún otro acontecimiento, la huelga de la ex Terrabusi ha delatado la demolición política del gobierno kirchnerista.

En la represión a los obreros de Kraft, los “nacionales y populares” no sólo actuaron por cuenta y orden de la Embajada norteamericana. Peor aún: trataron de disimularlo de cualquier modo. Los voceros oficiales insisten en afirmar que “no recibieron ninguna presión” (de la embajada); claro está, a varios días después de haber consumado el desalojo “por encargo” de la planta. El gobierno no puede reconocer que perdió la capacidad de arbitrar en la crisis política, y que sólo es peloteado por las fuerzas sociales que actúan en ella.

Los palos del viernes 25 desnudaron la cobardía del gobierno, sin que ello les valiera a los Kirchner un solo gramo adicional de confianza por parte del imperialismo. Por el contrario, una columna periodística en Nueva York acaba de denunciar al matrimonio presidencial porque “el miedo les prohíbe actuar. No quiere cargar con muertos. Entonces el problema no se resuelve” (The Wall Street Journal, 28/9). Pero los Kirchner tuvieron que relevar, precisamente, a un gobierno que se había cargado a dos muertos en el Puente Pueyrredón. De cara a la crisis y a la radicalización popular, el imperialismo y la patronal argentina reclaman la “salida” que han fracasado, una y otra vez, en aplicar. La reciente derrota del tarifazo sobre la luz y el gas da cuenta de una impasse que no sólo es de los Kirchner, sino de todo el régimen político.

A pesar de ello, De Vido acaba de confirmar la reimplantación de ese tarifazo que debió suspender en julio. Quieren hacer correr los aumentos en medio de los menores consumos del verano, pero pueden terminar echando más leña al fuego de la agitación popular. Al gobierno ya no le salen bien ni sus operativos de cooptación: el plan de “trabajo cooperativo” (precario) anunciado por Cristina ha removido las aguas de todas las organizaciones de desocupados, incluyendo a las filokirchneristas, y se ha transformado en un factor de crisis y disputas al interior de las intendencias y punteros bonaerenses.

Burocracia sindical

Por sobre todas las cosas, la huelga de Kraft mostró el derrumbe oficial a través de uno de sus principales pilares: la burocracia sindical. El país entero venía de asistir al desfile de los Moyano, Zanola y otros involucrados en el negocio criminal de los medicamentos truchos. Ahora, la lucha de Kraft los ha mostrado como un sindicalismo vencido, incluso para jugar su histórico papel de freno. Los ataques permanentes de Moyano o de Daer a la huelga de Kraft ni siquiera rozaron la determinación de lucha de sus trabajadores. Más aún: cuanto más encarnizadas eran sus alcahueterías, más se redoblaba la solidaridad de la clase obrera combativa con los obreros de Kraft. Los viejos burócratas no pudieron con la huelga, tuvo que ir la infantería a hacerse cargo de ella. Súbitamente, los diarios se han dedicado a contarle las costillas a la misma “izquierda radicalizada” a la que silencian todo el año. Pero la nueva camada de activistas obreros no irrumpe en el vacío. Se abre paso, y es también un resultado, de la completa descomposición de la burocracia de los sindicatos. Ese ajuste de cuentas no deja afuera a la CTA, la central “independiente” que no resolvió una sola medida activa de apoyo a la gran expresión independiente y antiburocrática de Kraft en el curso de los 38 días de huelga.

Dos puntas tiene el camino

En definitiva, bastó con una firme huelga obrera para que la “iniciativa política”, que el gobierno decía haber recuperado con la ley de medios, se volatilizara. En realidad, la “iniciativa” también la perdió con la propia ley de medios. Lo que el Senado se apresta a votar es una solución de compromiso con Clarín y otros grupos mediáticos, que le otorgará un amplio margen de tiempo a los pulpos para negociar la venta de sus activos. La “iniciativa” parece derretirse, también, en las negociaciones con el FMI, el Club de París y los acreedores de la deuda que no fue refinanciada en 2005. La “apertura al crédito internacional” sólo se hará en las condiciones leoninas que reclaman los usureros.

Durante varios meses, la crisis social y política fue disimulada con los arreglos parlamentarios y en la ilusión oficial de recobrar una iniciativa de la mano de los acuerdos políticos, en particular con el centroizquierda. Pero las combinaciones parlamentarias no pueden dar cuenta de los despidos, la carestía, el aumento de la pobreza o los tarifazos. Por eso, el centro de la situación política ha vuelto a las calles.

La huelga de Kraft abrió una nueva etapa política, donde tendrá que dirimirse qué fuerzas sociales se harán cargo de la crisis que emerge con la descomposición del kirchnerismo. La disyuntiva que se abre después de Kraft es clara. Por un lado, está la jauría patronal que exige el arreglo inmediato con el capital financiero, los tarifazos y un “ordenamiento” de las relaciones laborales de la mano de la infantería. Por el otro, está la profunda corriente de lucha que ha emergido con Kraft, que exige poner en pie una alternativa propia de los trabajadores.

Marcelo Ramal

LA VOZ DE LAS FABRICAS



De pronto, los comunicadores oficiales que pregonaban el “progresismo” de la ley de medios se tuvieron que callar. En cuestión de minutos, el gobierno que defendían les explicó cuál es el “triple play” que mejor conoce: la santa unión de la patronal yanqui, la infantería y los burócratas sindicales, en contra de la clase obrera que lucha.

¿Dónde quedó el gobierno “enfrentado a los monopolios”? Actuando por cuenta y orden de la jefatura general de monopolios, o sea, de la Embajada yanqui.

La planta de la ex Terrabusi fue convertida en un campo de concentración, donde decenas de trabajadores fueron apaleados y privados, incluso, de su derecho a la defensa.

A fuerza de palos, Terrabusi volvió a trabajar. Pero Moyano-Daer, Aníbal Fernández y la Unión Industrial no tienen nada que festejar.

Es que la lucha de Kraft los desnudó de cabo a rabo.

Mostró que los “sindicalistas” oficiales sólo sirven para lucrar con medicamentos truchos. De la clase obrera, los separa un abismo.

Deschavó a un gobierno que, en su caída libre, sólo aspira a salvarse siguiendo el libreto de los usureros de la deuda o los monopolios que reclaman tarifazos.

¿Qué decir, finalmente, de los Lozano o Solanas, entretenidos en arreglos parlamentarios con el mismo gobierno que reprimía en Pacheco?

En oposición a todos ellos, la lucha de Kraft puso en las calles a una generación de jóvenes obreros, de estudiantes, de desocupados.

“Vayan a estudiar”, ladró la jauría de C5N. “No hay porvenir para nosotros en el país de los despidos”, le sacudió el presidente de la Fuba a todos ellos.

Pero la voz de la calle, que se hizo sentir por Kraft, llegó para quedarse. Así lo exigen los nuevos tarifazos, que el gobierno se empeña en aplicar. Y la distancia cada vez mayor entre los salarios y la carestía.

Por sobre todas las cosas, la lucha que ha ganado las fábricas, facultades, calles, rutas y autopistas exige que pongamos en pie una alternativa propia de los trabajadores.

La lucha en Terrabusi desenmascara a los ‘audiovisuales' K

La ley audiovisual del trío K-Solanas-Binner tuvo su preestreno con el conflicto del Terrabussi. Los Moyano, Daer y compañía, futuros titulares de los medios que serán emancipados por la ley K de los monopolios capitalistas, hicieron punta en la exigencia de que el Estado ponga fin a esta lucha, lo que supone un llamado a la represión. Los kirchneristas fanáticos de la CTA no han movido por la lucha de Terrabusi ni el 0,1% de lo que supieron hacer para apoyar la ley K de medios cuando aún incluía el ingreso de los pulpos telefónicos. En la dirección de Foetra revista uno de los principales dirigentes de la central alternativa, que no se privó de fogonear la ley tele-audio-visual en las audiencias públicas, pero que no haría un paro de cinco minutos para apoyar a los obreros del pulpo internacional de la alimentación. No hace falta decir que la patronal de Clarín hizo frente con la patronal de Kraft, como ha ocurrido siempre y no podría ser de otro modo, y que sigue caracterizando mentirosamente a la lucha de los compañeros del subte como “una interna gremial” (pero a la interna que ellos tienen con los K y sus capitalistas amigos la presentan como un combate de salvación nacional). Los animadores de la reconquista de la palabra por medio de la ley, o sea los K de Carta Abierta y otros blogueros chistosos, no se hicieron ver ni una sola vez en la Panamericana con los obreros, o en las innumerables manifestaciones que se realizan en su apoyo. En la Universidad, los comunicadores del oficialismo se encuentran mudos, y miran impávidos la movilización de los estudiantes en solidaridad con los trabajadores. Es que comprenden perfectamente bien que la lucha en Kraft-Terrabusi pone en jaque al sistema, y que alimenta muchas otras del mismo cuño, que asestarían golpes mortales a la burocracia sindical y a las camarillas del gobierno y de la universidad –o sea que pondría en cuestión al régimen cuyas migajas se esmeran por usufructuar. Cuando se tiene en cuenta el lugar fundamental que ocupan las mafias sindicales en el aparato del estado, debiera quedar claro que luchas como las de Kraft-Terrabusi son las únicas que merecen el nombre de luchas por la democracia.

El Estado, un monopolio de la violencia de clase

Por aquello de que en la cancha se ven los pingos, la lucha de Kraft-Terrabusi, el subte, Mahle o Paraná Metal muestra el real contenido político de un proyecto audiovisual que emana de un estado capitalista. Los que escriben para apoyar el mamotreto no se tomaron un instante para preguntarse cómo la libertad de expresión podría surgir de un poder de coerción que está al servicio de la reproducción del sistema capitalista. Para los deconstructores de la palabra, el Estado es poco menos que un limbo, un espacio neutral entre las clases, casi un muro de los lamentos del desgarramiento social. Por eso le atribuyen intenciones angelicales al gobierno de Barrick Gold, de la explotación minera a cielo abierto, de los desmontes, de las petroleras, de Telecom, de los banqueros, de los canjistas de deuda, del FMI y, ahora, de la deuda estatizada que dejaron Videla-Cavallo con el Club de París. Para el capitalista los medios son un negocio; para el estado, que es la representación de todos los capitalistas, o del capitalismo como régimen, es un medio de dominación política de los capitalistas que hacen los negocios. Esa dominación política necesita la dominación mediática o simbólica, no para vender mercancías, sino para someter la conciencia política de las masas en forma directa.

Solanas sabe esto mejor que nadie, por eso no es una ingenuidad de su parte que haya votado la ley del gobierno de Xstrata, Anglo Gold y las petroleras. Esta buscando un espacio político, que primero intentó con Juez y ahora con Kirchner; a lo mejor los K lo votan para el segundo turno a intendente porteño en 2011. Lo mismo vale para Binner, que llegó a la conclusión de que no puede pelear su provincia contra Reutemann y los K simultáneamente. Después que le entregó a su ministra Alarcón al gobierno nacional, para promover un acuerdo con los sojeros, Binner se arrima el mismo a la mesa de juego.

Telefónica, Telecom, Telmex, Clarín y diez más

Pero se lo mire por donde se lo mire, el proyecto K sigue siendo el de las telefónicas. La Presidenta lo dejó en claro cuando advirtió que no se podía ir contra el progreso tecnológico. Los K buscan desalojar a Clarín para cederle el espacio a una banda numerosa de capitalistas de las telecomunicaciones. Lamentablemente para el oficialismo, sus tiempos políticos no ritman con los de los pulpos. Hasta que la situación del capital de varias telefónicas no sea definida, sus incursiones audiovisuales quedarán relegadas. Pero el desalojo que han sufrido en el proyecto de ley no ha desanimado a los capitalistas del ramo. Los nuevos bríos que ha cobrado la lucha por la adquisición de las acciones de Telecom es una demostración que el servicio del ‘triple-play’ (telefonía, Internet, televisión) está a la orden del día. Ernesto Gutiérrez, capitalista K del grupo Eurnekian lo dice sin rubor: “hay al menos una decena de interesados en la compañía” –en referencia a Telecom (Ambito, 22/9). Tanta avidez no responderá a que los desalojaron del negocio. La ocasión para la ‘reentré’ de estos pulpos la brindará la ley de telecomunicaciones, cuando deba repartirse el manejo de la estructura instalada. En ese momento, Clarín también hará su oferta, puesto que es uno de los postulantes para entrar en Telecom.

Por otra parte, en la reunión que la Presidenta tuvo el miércoles 23 en Nueva York con la elite empresarial, recibió el respaldo a la Ley de Medios del representante de Fox International Channels, porque “adaptará el mercado argentino a los nuevos tiempos” (La Nación.com).

Este negocio de buitres explica el final que se va avizorando de la novela: los multimedios que deban proceder a desinversiones para adecuarse a la ley gozarán ahora de tres años de tiempo, gracias a las modificaciones que hará el Senado. El diputado oficialista Rubén Morgado dijo que el plazo que tendrán los grupos empresarios para desprenderse de medios empezará a correr “desde que la autoridad de aplicación establezca los tiempos de transición”. Morgado añadió que definir la “autoridad de aplicación” podría demorar varios años...

De aquí a finales de 2012 hay un enorme espacio de tiempo para acomodar a todo el mundo en la redistribución de la industria audiovisual. Seguramente habrá un lugar también para las cooperativas telefónicas que negrean a consumidores y trabajadores en numerosas localidades del interior, pero en calidad de tercerizadas. El pequeño capital no puede competir con el grande en una industria de cambios constantes, que se ha destacado por ser la única que atrajo capitales en el curso de la presente crisis mundial.

La centroizquierda se deshoja

Cuando se despoja al debate audiovisual de sus mentiras, lo que queda es el completo sometimiento del gobierno a los grandes capitalistas y el total servilismo político de la centroizquierda. ¿A quién creen estos prohombres que le está reservado el espacio que se le recortará a Clarín? ¿A la Solanas Production? Los centroizquierdistas que votaron con los K en diputados saben perfectamente que estamos ante un proyecto para los monopolios telefónicos, pero han preferido esconderse detrás de la hoja de parra que les tiró la Presidenta hasta mejor ocasión.

Pero para el común de los mortales la inconsistencia centroizquierdista no es una novedad, aunque lamentablemente espera que la próxima vez no sea cierto.

Jorge Altamira

Honduras: la tercera es la vencida

El dato más relevante de la aparición del presidente Zelaya en la embajada de Brasil en Tegucigalpa es el inédito respaldo que recibió de la mayoría de los bloques políticos y de los monopolios mediáticos de Brasil. No es poca cosa el respaldo que ofreció a la movida la red Globo, que es una suerte de Clarín elevado al cuadrado. Cualquiera que esté al tanto del faccionalismo de la política brasileña y de la hostilidad mediática hacia el PT no podría dejar de notar esta circunstancia. En este operativo retorno, Lula ha contado con el apoyo de esos mismos rivales que le han boicoteado hasta ahora la incorporación de Venezuela al Mercosur, o que lo acosan por su apoyo al ultracorrupto José Sarney –un líder del partido de gobierno en coalición con el PT–, o por sus relaciones con el Movimiento de Trabajadores sin Tierra (aunque en Brasil lo único que progresa es la concentración del capital agrario). Este relevamiento de datos pone al descubierto otro dato aún más importante, que es la marginación de Chávez del operativo retorno. Cuando se juntan estas puntas es inevitable sacar la conclusión de que Lula contó con el apoyo de Obama – si no desde el vamos, al menos desde que la empresa entró en su cuenta regresiva. Nada podría conformar más al yanqui que una operación democrática que deje a Chávez fuera del juego. Es una buena forma de retomar una agenda política que procura colocar en la órbita norteamericana a la mayoría de los gobiernos que coquetean todavía con el movimiento bolivariano. De cualquier manera, es necesario destacar que la operación dejó también al margen a buena parte del ‘staff’ del Departamento de Estado de Obama, que enseguida se declaró “sorprendido” por lo que había ocurrido, pues de otro modo la filtración de la movida habría desencadenado el bloqueo de los ‘halcones’ de la administración demócrata y de los republicanos. Obama, muy tempranamente, se ve obligado a gobernar con métodos conspirativos dentro de sus propias filas. El norteamericano tampoco podía seguir perdiendo tiempo: luego de haber anunciado que no reconocería las elecciones hondureñas que deberían tener lugar en noviembre, tuvo que soportar, como una señal de la alerta, la afirmación en sentido contrario de parte del presidente de Panamá – un libreempresista estilo 90. No podía correr el riesgo de que también se le descolgara su aliado militar Uribe. Había que jugar las cartas. Los brasileños, en apariencia tan reticentes a los gestos y a las acciones espectaculares (por supuesto que sólo en el campo diplomático), dejaron pagando en este caso hasta a los más extrovertidos. ¿Por qué será? Desde los acuerdos de Lula con Bush, que autorizan a las empresas brasileñas a exportar biocombustibles sin gravámenes hacia Estados Unidos desde América Central, Brasil ha jugado fuerte en la región.

Lo prueba la cuña que logró meter entre el presidente Funes, de El Salvador, y su partido, el FMLN, con tendencia al chavismo. Por esa misma razón, desde Brasil se ha apoyado a las ONGs que participan del movimiento nacional contra el golpe en Honduras. Las uñas que Lula le cortó al PT puertas adentro del país se las afiló para que sirva a su política extranjera. Zelaya ya había adelantando, hace dos semanas, al The Washington Post (6/9), que su vuelta a casa tendría lugar antes de las elecciones de noviembre. Por fin hay alguien que cumple lo que promete. Después de dos intentos fracasados, Zelaya vuelve de la mano de los gobiernos capitalistas encabezados por un afro, descendiente de ghaneses, y un emigrante de la miseria del nordeste brasileño.

El pueblo, unido

Naturalmente que un factor decisivo (el mayor) en el giro de los acontecimientos hondureños ha sido el papel de las masas. Han estado noventa días en una movilización ininterrumpida. Como consecuencia de la crisis económica se habían incorporado a la protesta nuevos sectores. La parálisis comercial es cada vez mayor, lo que ha colocado a muchos sectores de la burguesía media al borde de la ruina. Los movimientos populares anuncian una situación insurreccional en varias partes del país y en los barrios de la capital. Las elecciones iban de todos modos al fracaso, y en todo caso no delineaban una normalización del proceso político sino mayores perturbaciones. A alguien se le ocurrió que era mejor no dejar para mañana lo que se podría perder por completo incluso hoy. Lula y Obama saben bien que el compromiso propuesto por Arias y aceptado por Zelaya está muerto. Nadie logrará que el mandatario depuesto se limite a presidir las elecciones que ganarán sus adversarios. La aceptación de un interinato para Zelaya sería una forma de amortiguar la convocatoria inevitable de una Asamblea Constituyente en un plazo previsible (o sea de limar por completo cualquier tendencia revolucionaria que anide en el pueblo). El proceso normalizador lo piloterían Lula y Obama, que dejarán convenientemente afuera el asunto de las bases colombianas y el supuesto peligro que corre la Amazonía. Deberán discutir un pacto global –‘um verdadeiro sonho brasileiro’.

Es claro, sin embargo, que una crisis que obliga repetidamente a la adopción de medidas excepcionales no tendrá una salida súbita. Obama está enfrentando una crisis bastante mayor en Afganistán, donde sus militares lo han emplazado a que refuerce la intervención militar y, por lo tanto, a que encare una decidida militarización de la política y de la economía norteamericana. Por otro lado, los criminales de guerra (oficialmente declarados como tales) de Israel insisten con la necesidad de noquear con armas nucleares las instalaciones de Irán. Tampoco nadie cree en la solvencia de la recuperación de la economía, que necesitaría nuevas dosis aún de ‘estímulos’ fiscales y financieros – que ya alcanzan, sin embargo, a escala mundial, unos veinte billones de dólares. Al cabo de ocho meses de gobierno, Obama no ha logrado imponer todavía ninguna política clara. Por eso Honduras puede convertirse en un campo de pruebas entre las varias líneas que dividen al imperialismo. Hasta Zapatero está descubriendo en España los escozores de una labor ‘destituyente’ por parte del bloque de sus adversarios, que no simpatizan tampoco con Obama.

Transición histórica

¿Qué hacer? La crisis hondureña es un nuevo peldaño en la transición política revolucionaria por la que atraviesa América Latina. Es necesario latinoamericanizar el combate hondureño con gigantescas movilizaciones de solidaridad y proceder a una clarísima delimitación de los gobiernos capitalistas democratizantes, siempre dispuestos a salvarle las papas al imperialismo. Asimismo, es necesario también convertir a Honduras en un punto de encuentro de todos los movimientos de masas de América Latina; de un lado para apoyar la revolución hondureña, del otro para conquistar, mediante la acción, una dimensión internacional. Ya no se trata de realizar Forum sociales con la rutina del reloj, sino de desarrollar un plan de acción para desembarazar a América Latina del imperialismo, desarrollar la revolución agraria, abatir a las oligarquías locales y al capital financiero, impulsar la revolución educacional y universitaria, y convertir al proletariado de la ciudad y del campo en vanguardia de una revolución social.

Jorge Altamira

CON EL PUEBLO DE HONDURAS Y LOS OBREROS DE TERRABUSI

Las cosas hay que decirlas como son: la epopeya del pueblo de Honduras y la huelga de los obreros de la ex Terrabusi forman parte de una misma lucha.

Es que detrás de la máscara de los Michelleti, las masas de Honduras son explotadas y hambreadas por los mismos pulpos, como Kraft, que explotan a los trabajadores argentinos y les niegan sus más elementales derechos democráticos.

Los hondureños tienen derecho a un gobierno propio y a una Asamblea Constituyente. Los trabajadores de la ex Terrabusi tienen derecho a un trabajo digno y a una representación sindical propia, como su cuerpo de delegados y su comisión interna, sin las burocracias que trafican medicamentos truchos o compran con dinero ajeno lujosas fincas.

Las masas hondureñas se han levantado para hacer valer sus derechos y nuestros trabajadores, por la misma razón, están en huelga, se mantienen dentro de la empresa y cortan las rutas. En Honduras, la policía y el ejército se han lanzado a una represión feroz para defender la dominación de los amos del país; lo mismo hace aquí la infantería instalada en la planta, lista para volver a arremeter contra los trabajadores.

La Presidenta de Argentina se encuentra en la Asamblea General de la ONU, donde seguramente dirá las palabras apropiadas contra los golpistas hondureños, pero nada más que eso; le teme como a la peste que se produzca una victoria popular.

En su país, Argentina, no llega ni a la demagogia; insta a sus secuaces a que hagan todo lo que posible para derrotar a los obreros de Kraft-Terrabusi.

Por eso, el ministerio (¿de Trabajo?) protege a la patronal extranjera, mientras que (¿el sindicalista?) Moyano denuncia a los que se supone que son sus compañeros y defiende sin vergüenza los intereses de los gringos.

Mientras tanto, ¿dónde están los demócratas de la palabra y de la libertad audiovisual? Pues nadie los vio utilizando sus medios de comunicación y sus sindicatos (Yasky) para defender a los trabajadores de Kraft.

Como en Honduras, los trabajadores que apoyamos la lucha de los compañeros de la ex Terrabusi hemos salido a cortar rutas y a desarrollar movilizaciones a lo largo de todo el país, porque una victoria en Terrabusi servirá para poner un límite a la explotación capitalista, conquistar nuevos derechos, democratizar los sindicatos y echar de ellos a los mafiosos que los manejan con la complicidad de los gobiernos patronales.

¡Viva el pueblo de Honduras y nuestros compañeros de Terrabusi, carajo!

El desguace de la Ley de Medios, mientras arreglan con el FMI

El gobierno llegó a un acuerdo con Clarín?

Eso es al menos lo que parece después que decidió eliminar, por el momento, a las telefónicas del proyecto audiovisual y de la disposición a rever el plazo de un año para que los cables vendan sus canales excedentes. Si se confirmara esto último, a Clarín le alcanzaría con esperar al próximo gobierno para mantener su monopolio, si antes un fallo judicial no le restablece sus “derechos adquiridos”. Lo que quedaría del proyecto kirchnerista sería el tramo que le asegura una porción de los medios a la Iglesia, a la burocracia sindical, a las ONG de dudoso financiamiento, a las fundaciones ‘sin fines de lucro’ y a las camarillas empresariales de las universidades. En el pincel quedaría la composición del futuro Comfer y la duración de sus miembros, todo lo cual podría ser cambiado por el próximo Congreso. En el mundo mágico de la libertad de expresión del kirchnerismo y de sus opositores patronales, el único que no tiene garantizada por la ley su libertad ideológica y de expresión es el periodista. La aventura mediática del kirchnerismo deberá pasar por la compra de radios y canales por parte de los amigos del gobierno.

Monopolios y monopolios

Por este camino, el proyecto podría ser votado a dos manos por los amigos de Clarín. El “grupo” no sólo vería liquidada la posibilidad de que las telefónicas accedieran a la “patria cablera” sino que tampoco se vería obligado a desprenderse de parte de su posición dominante en la transmisión de cable, que duplica el máximo de un 35% admitido por el proyecto de marras. Tampoco tendría que liquidar el manejo de los servicios de radio y televisión abierta que tiene por todo el país. Por las dudas, agregó a sus reclamos que se le permita acceder al... negocio telefónico, algo que la ley no permite a las empresas de los medios.

La Presidenta no se privó de señalar que el ingreso de las telefónicas en los servicios de comunicación audiovisual es un imperativo del progreso, por la posibilidad de transmitir por cable la señal de telefonía, de Internet y televisión (triple play). Es decir que reculó hacia el atraso, algo muy burdo para creer. Evitó reconocer, en realidad, que la retranca obedeció a la disputa, sin salida por el momento, entre los pulpos que se disputan Telecom, al tiempo que necesita a Telefónica de España para ligarse al beneficio de la reciprocidad que le permitiría explotar medios como compañía extranjera. De todos modos, lo dañino no es el ‘triple play’ sino el carácter capitalista y monopólico de las telefónicas. Si se las nacionaliza, podríamos avanzar tecnológicamente sin perjuicio para los trabajadores. Otra versión para explicar el recule lo da el Boletín Oficial: “Las telefónicas no estaban muy contentas con la redacción del proyecto (que limitaba, entre otras cosas, su posibilidad de producir contenidos para radio y televisión) y aunque no lo reconozcan públicamente, confían en poder negociar otro marco regulatorio para ofrecer triple play sin tantos condicionamientos” (Página/12, 15/9).

Crisis y crisis

En su plan original, el gobierno esperaba que el “capitalismo de amigos” hiciera pie en el negocio por la vía de Telecom. Nos referimos a los Werthein, Eurnekian, Ricardo Gutiérrez, los Rudy Ulloa y Cristóbal López. Pero no solamente la pelea subió de tono, sino que a ella se agregaron el mandamás de México, Carlos Slim, y hasta el propio Clarín. Encima que éramos pocos, Boudou tiene que viajar la semana que viene a Europa justamente a negociar la deuda pendiente con los gobiernos europeos, agrupados en el llamado “Club de París”, que son los dueños de Telefónica y Telecom.

El discurso oficial contra los monopolios es una estafa. Ahora sabemos que el artículo que prohibía a las “empresas extranjeras” dominar más de un 30% en la propiedad de medios de comunicación audiovisual era, sencillamente, un fraude, pues podía ser sorteado si la empresa respectiva tenía su sede en un país que hubiera firmado un “tratado de inversiones” con Argentina. El grupo español Prisa, dueño de Radio Continental, goza de ese beneficio luego de haber fijado sede en Nueva York para aliarse al grupo que maneja la CNN. A Prisa no le preocupa el garrote argentino sino el que le está por propinar Bolivia, donde espera que los K intercedan en su favor.

La pregunta del millón es cómo sigue la novela de la libertad de expresión luego de este vaciamiento por mano propia de la ley contra Clarín, cuando se tiene en cuenta la buena miga que están haciendo los K con el FMI, al punto que ahora los capitales entran a raudales y el gobierno deja subir el peso sin importarle que perfore el ‘modelo productivo’. Como dijimos antes que nadie en este periódico, la aborigen sojera María del Carmen Alarcón terminó borocotizando a los K y está a punto de quedarse con Agricultura, que sería convertida en ministerio. El matrimonio oficial compra su penosa sobrevivencia –como lo haría un Berlusconi– comprando los favores del capital internacional.

Pablo Rieznik

Los trabajadores de Paraná Metal, en pie de guerra

Cortan la autopista Buenos Aires-Rosario

Los operarios de la planta que administra Cristóbal López rechazaron un plan de ajuste, que incluye pagar sólo el 20% del sueldo a los suspendidos.

Los trabajadores de Paraná Metal cortaron la autopista Rosario-Buenos Aires. El jueves pasado había trascendido la intención de los directores de la fábrica de pagar sólo un 20% del salario a los operarios suspendidos.

Paraná Metal fabrica blocks para la industria automotriz. El 70% del plantel de la autopartista está suspendido. Entre contratados y operarios de planta permanente, la empresa tiene un total de 1.100 trabajadores.

La medida de fuerza surgió de una asamblea que se realizó el viernes pasado en Villa Constitución. Acaba así en un rotundo fracaso la decisión, impuesta por la burocracia en un plebiscito, de aceptar las suspensiones, en marzo pasado, en calidad de temporarias.

La producción de la fábrica de blocks cayó de las 4.000 toneladas por mes que se registraban el año pasado a la mitad a principios de este año, y el mes pasado a 700 toneladas.

La empresa que comprara Cristóbal López, dueño del emporio del juego en Rosario (Casino, hotel y centro de convenciones), pretende una ayuda “extra” del Estado –además de los Repro que cobran todos los operarios– para alcanzar una producción de 2.000 blocks por mes.

Este reclamo patronal demuestra cuánto más barata sería la expropiación de la fábrica y su funcionamiento bajo control obrero, pues se dejaría de financiar la ganancia que, incluso en estas condiciones, obtiene el capitalista K.

El corte se realiza con el apoyo de medio centenar de trabajadores de Mahle, productora de aros de pistón, quienes también reclaman la expropiación de la empresa, luego de los vaciamientos de la patronal y de las condiciones leoninas que exigen los candidatos a comprarla.

LOS K YA ESTÁN EN EL FONDO

La marcha del gobierno hacia el FMI está sembrada de rosas.

Todo reluce: suben las reservas, paró la fuga de capitales, cayó el maldito ‘riesgo-país’, crecen los depósitos y hasta se revaloriza el peso.

El ‘milagro’ no es solamente una confección interna: la caída internacional del dólar refleja una fuga de capitales en los Estados Unidos, que incluso no busca ‘refugio’ en ningún otro país sino en el oro.

Pero el gobierno hace lo suyo: promueve un canje de deuda pública que aumenta la tasa de interés para los especuladores, rescata empresas con plata de la Anses y ha prometido pagarle a los llamados bonistas y al Club de París y acabar con los subsidios a la luz, la nafta, el gas, el transporte –o sea, un tarifazo.

El proyecto de Presupuesto que ya ingresará al Congreso anuncia un inmenso ajuste – disimulado con una exagerada proyección del crecimiento y una disminuida (irreal) tasa de inflación.

Además, con María del Carmen Alarcón, una mujer que combina los rasgos indígenas con el servicio a los capitales agrarios, los K se están empezando a amigar con la ‘puta oligarquía’.De negociación en negociación, hasta puede terminar en un compromiso con el mismísimo Clarín: ¿por qué no, si ya consiguió la adhesión del cardenal Bergoglio y del Episcopado a la ley de medios?

Con los trabajadores también sigue una regla fondomonetarista: el miércoles a la tarde mandó a la Gendarmería y a la burocracia de la CGT a poner en marcha a palos la producción en Kraft-Terrabusi, y fueron sacados cagando por los trabajadores.

El mismo procedimiento ha utilizado con los petroleros de Las Heras.

Le ha soltado la mano a Massuh, Mahle y Paraná Metal –a cuyos obreros les había prometido la defensa del empleo.

Los intelectuales que miran para otro lado, acompañados siempre por la CTA, se alegran con el lugar que creen les reserva la futura ley de medios –pero ya engañan a los demás y a sí mismos al no denunciar que el gobierno nacional y popular está en plena entrega fondomonetarista y en plena represión a los trabajadores.

No al gobierno fondomonetarista: hagámosle morder el polvo impulsando la victoria de las luchas obreras.

Obama y el Fondo, garantes del matrimonio "nacional"


Las riñas del gobierno con el campo o con Clarín hicieron mucho ruido en estos días, es cierto. Pero como suele ocurrir en la historia nacional, el hecho más saliente de la situación política pasaba afuera del país. En las oficinas del tesoro de Inglaterra, el ministro Boudou acordaba con el Fondo Monetario la “normalización de relaciones” con la Argentina. El gobierno aceptó la revisión integral de las estadísticas y cuentas públicas, algo que, según Boudou, no implicará “condicionamiento alguno” para el país. No explicó por qué, si esto es así, los K vienen rechazando esa auditoría en nombre, precisamente, de los condicionamientos. El informe del Fondo abrirá la puerta para el pago en cuotas de la deuda con el Club de París, contraída en buena parte por la dictadura videliana. A partir de allí, los Kirchner aspiran a reiniciar un ciclo de endeudamiento con el capital financiero internacional. Todo ello, según Boudou, a través de un acuerdo “liviano” y “sin pedirle un peso” al Fondo. Pero el gobierno sabe que el informe del Fondo dirá “que la Argentina tiene un desequilibrio macroeconómico, y que lo oculta con estadísticas falsas” (Ambito, 31/8). Para remediar esos desequilibrios, el Fondo reclamará la reducción de subsidios y gastos sociales, de modo que el presupuesto nacional obre como garantía efectiva del pago de la deuda pública. En cuanto al “Indek”, los K ya arreglaron con el Fondo un “indulto” para las falsificaciones pasadas, lo que incluye a los atropellos perpetrados contra sus técnicos y trabajadores. En definitiva, la ruta que va del FMI al Club de París, y del Club a los bancos privados internacionales, tiene sus mojones clavados. Entre ellos, el tarifazo en el transporte y los servicios públicos, y el congelamiento de salarios para los trabajadores del Estado. El gobierno se vanagloria de “volver al mercado financiero internacional sin pedirle nada al Fondo”. Pero no dice qué le pedirán el Fondo y los “mercados” para poder “volver”.

De todos modos, no hace falta ninguna auditoría para que salga a la luz el eslabón más débil de la crisis, que es la bancarrota de los estados provinciales. La crisis social y política en Santa Cruz o Córdoba ya hizo trizas la capacidad de gobernar de Peralta, Schiaretti o Scioli, incluso antes de que la camarilla “K” saliera a moverles el piso. En Córdoba, pero también en Buenos Aires, el pago de los sueldos estatales está colgado del envío de fondos del gobierno nacional. Pero la caja del Estado nacional tampoco aguanta para sostener esa extorsión de los Kirchner. Por eso, el gobierno va a permitirles un mayor endeudamiento a las provincias. Pero ¿quién le prestará a los distritos en cesación de pagos? Sólo si colocan en garantía los ingresos del fisco, a costa de impuestazos, de ajustes salariales, de despidos. En definitiva, la “vuelta a los mercados” plantea una conmoción social en las provincias.

Los medios y la crisis política

Mientras se producen estos arreglos financieros, lo que el gobierno y opositores presentan como un debate sobre la libertad de expresión (la ley de medios) es, por sobre todas las cosas, una lucha despiadada entre los grupos capitalistas que ejercen el monopolio privado de esos medios, a costa de la privación de cualquier libertad de expresión para la mayoría que trabaja. La ley de medios de los Kirchner no altera nada de esto, sólo habilitó a la disputa por un nuevo reparto del mercado entre los pulpos. En los últimos días, los opositores de toda laya –incluyendo a los centroizquierdistas– “descubrieron” que la ley permite el ingreso de los monopolios telefónicos al negocio mediático. La “revelación” estuvo asociada a otro hecho: la salida a la venta de las acciones de Telefónica en Telecom, desatando una guerra entre varios pulpos capitalistas –¡entre ellos Clarín!– por el control de Telecom y, a través de ésta, de los futuros negocios que aseguraría la ley “nacional y popular”. El gobierno, que quiere a los Werthein o Ezquenazi en Telecom, ha redoblado la guerra contra Clarín. Pero la apuesta podría ser demasiado elevada para un gobierno en disolución. En Diputados, el gobierno está contando angustiosamente los porotos para sancionar la ley. Si se aprobara, Cobos espera “dormirla” en el Senado hasta que se concrete el recambio parlamentario y asestarle entonces a los Kirchner un tercer voto “no positivo”. Por si las moscas, los rivales mediáticos del matrimonio oficial se han puesto a preparar el “dossier” de su destitución. De todos modos, y tratándose de una lucha por negocios millonarios, toda la carpeta podría ser archivada a cambio de un acuerdo, incluso, con Clarín. Por caso, la causa por enriquecimiento ilícito de los Kirchner pasaría ahora a la oficina anticorrupción. Es la antesala de un eventual juicio político, que tendría andamiento con la nueva composición del Congreso. Mientras tanto, el criminal episodio de la falsificación de medicamentos oncológicos ha vuelto a sacudir al corazón de la camarilla, a sus burócratas sindicales y, principalmente, a sus fuentes de financiamiento. Nuevamente, queda claro que la “reconstrucción de la burguesía nacional” se operó, no sólo sobre la licuación del salario y la pobreza, sino también contra la salud y la vida de los trabajadores.

Lo que aflora, por lo tanto, no es un “gran debate nacional” (como sueñan los intelectuales oficiales) sino la descomposición del régimen en toda su dimensión. Hace seis años, toda la burguesía y sus clanes políticos saludaba la “construcción de poder” de los Kirchner, que permitía restaurar la autoridad política del Estado. Ahora, esos mismos clanes conspiran para devolver a los Kirchner a la categoría de los olvidados o, eventualmente, de los convictos. Están a la búsqueda de otro advenedizo que pilotee la bancarrota política, social y económica del “modelo productivo”.

La clase obrera

Para sobrevivir a estas conspiraciones políticas, los Kirchner ya eligieron sus armas y sus socios. Por un lado, el Fondo Monetario. Por el otro, el departamento de Estado yanqui y el gobierno Obama. En los foros de la diplomacia latinoamericana, Cristina se empeñó a fondo para salvar el reforzamiento de la presencia militar imperialista en la región. En suma: los Kirchner quieren salvarse de la embestida de los derechistas locales apelando a los mandantes de esos derechistas, que están en Washington y Londres. El precio de ese salvoconducto será pagado –ya lo está siendo– por los trabajadores, jubilados y consumidores, a través de tarifazos, congelamientos salariales y despidos. El “pase libre” que Boudou salió a mendigar en Londres incluye garantías a la libertad de despedir y la reducción de los “costos del trabajo”. Lo mismo que Techint le acaba de pedir a Cristina, como condición para una “reconciliación”. Por eso, a los obreros de Terrabusi-Kraft los enfrentó la Infantería.

Cuanto mayor es la envergadura de la crisis social y política, más profunda es la atadura de la burocracia sindical a la política oficial. Los Moyano y los Yasky siguen paralizados, a la espera de un “Consejo Económico y Social” que feneció, no por ellos, sino por la crisis del régimen y las disputas entre fracciones capitalistas.

Pero la pérdida de la paciencia no es un atributo exclusivo de los opositores patronales. Las crisis provinciales están empujando a los trabajadores a la huelga y a las calles, mucho antes de que sus gobiernos encuentren salida a sus bancarrotas. En la clase obrera industrial, las comisiones internas, los cuerpos de delegados en renovación y las nuevas camadas de activistas están siendo sacudidos por la escalada de suspensiones y despidos, y por los acuerdos salariales ruinosos. A partir de este cuadro, la tarea del momento es agrupar a los trabajadores que luchan con independencia de la burocracia para luchar por una tendencia clasista en los sindicatos, y por plenarios y congresos de trabajadores que planteen una salida obrera a la desintegración del régimen, tanto en la variante del gobierno como en la de sus opositores capitalistas.

Marcelo Ramal

Terrabusi, Subtes, petroleros, Tatsa…

Defendamos estas luchas

El lunes a la madrugada, los Kirchner y Aníbal Fernández pusieron su infantería al servicio del pulpo Kraft/Terrabusi.

Los palos y gases no pudieron quebrar la tenaz resistencia obrera contra los despidos y en defensa de su organización fabril.

Por los mismos motivos, los trabajadores del subte paran este jueves 10.
Defienden a su representación obrera contra una burocracia que viene de entregar, una vez más, las aspiraciones salariales.

El gobierno kirchnerista ya le mostró los dientes a los compañeros de Metrovías. Lo hizo a través del secretario de Transporte, el ex funcionario macrista Juan Pablo Schiavi.

“El servicio está por encima del derecho de huelga”, dijo. Habló en nombre del gobierno que perpetró el mayor vaciamiento de los servicios públicos en beneficio de los privatizadores.

¡El mismo libreto se aplicó, semanas atrás, contra los obreros petroleros del sur! Después de una huelga que arrancó el 25% de aumento y el pago de los días caídos, Repsol y el gobierno exigieron, en un acta fascista, la virtual ilegalización de las huelgas en toda Santa Cruz.

Terrabusi, el subte, petroleros. El gobierno, que muestra su mejor sonrisa ante el FMI, rechina los dientes contra la clase obrera.

Pero este frente común del gobierno con Repsol, Kraft o Roggio tiene otro socio de fierro: la burocracia sindical.

Mientras apaleaban a los compañeros de Terrabusi, el burócrata Daer salía a “desmarcarse” de la acción de los obreros.

Mientras los obreros del subte salen a la lucha, la burocracia de la UTA actúa como fuerza de choque de Roggio y el gobierno contra los delegados.

Mientras los piquetes patagónicos reclamaban luchar contra los pulpos, la burocracia petrolera firmaba el acuerdo rompehuelgas impuesto por los Kirchner y Repsol.

La burocracia es el brazo ejecutor de la escalada capitalista contra la clase obrera.

Pero esa ofensiva encuentra una línea de resistencia.

La conforman los delegados, activistas y comisiones internas que se han puesto de pie al cabo de luchas extraordinarias.

Los trabajadores del subte, de la alimentación, del petróleo; los estatales de Córdoba y de Santa Cruz; los compañeros de Tatsa se han cargado al hombro la defensa del salario, de las condiciones laborales y de sus organizaciones de lucha.

Mientras tanto, los burócratas se han cargado otro crimen contra la salud y la vida de los trabajadores. Es el escándalo de los medicamentos truchos, que financió la campaña electoral de “su” gobierno.

“Se va a acabar..., se va a acabar”... La vieja consigna de la clase obrera que lucha contra la burocracia necesita sonar con más fuerza que nunca.

Abramos una deliberación en todos los sindicatos por la formación de agrupaciones y de una tendencia clasista; por la convocatoria a plenarios y congresos de trabajadores, para debatir y luchar por una salida obrera frente al desastre que nos deparan un gobierno en ruinas, por un lado, y sus opositores capitalistas, por el otro.

Declaracion de la FUBA frente al golpe en Honduras

Declaración de la Federación Universitaria de Buenos Aires frente al golpe en Honduras
La Federación Universitaria de Buenos Aires, en una reunión conjunta de su Junta Representativa y de Junta Ejecutiva, quiere hacer llegar su apoyo incondicional al pueblo de Honduras que está batallando heroicamente en las calles contra los golpistas que ha usurpado el gobierno, para defender los intereses de las clases dominantes locales y del imperialismo norteamericano.
La Federación Universitaria de Buenos Aires denuncia que los golpistas están desatando una represión salvaje contra el pueblo en lucha. Los informes de la organizaciones de derechos humanos dan cuenta de asesinatos, arrestos masivos e incluso de decenas de desaparecidos. La represión ha puesto su mira en la Universidad hondureña, porque los golpistas quieren doblegar mediante la fuerza a la juventud estudiantil de Honduras, que es uno de los pilares de la resistencia popular.
Para la Federación Universitaria de Buenos Aires no cabe la menor duda que el golpe de Estado perpetrado en la república de Honduras el 28 de junio pasado, que terminó con la destitución del presidente Manuel Zelaya y dio lugar a la instalación de un régimen represivo en dicho país contó con el aval directo del imperialismo. Los EEUU se encuentran impulsando una ofensiva más general en la región, atacando todos los gobiernos que no se han alineado de manera directa con su política, en particular a aquellos que han defendido planteos de tipo nacional.
La Federación Universitaria de Buenos Aires denuncia la participación directa del imperialismo en el golpe y rechaza con todas sus fuerzas el reciente acuerdo entre Colombia y EEUU para instalar 7 nuevas bases militares en Colombia. Exigimos el desmantelamiento de todas bases militares imperialistas en nuestro continente, entre la que destacamos la que funciona en Islas Malvinas, territorio argentino.
Por este motivo la Federación Universitaria de Buenos Aires quiere dejar muy en claro que la intervención de la OEA , avalada por el gobierno de nuestro país, ha servido para disimular la participación de los EEUU en el golpe. La OEA reconoció a los golpistas al negociar con ellos los términos de un acuerdo político que en todos los casos implicaba condicionar el retorno de Zelaya, incluyendo el adelantamiento de las elecciones, sin la realización de la Asamblea Constituyente , es decir que se tomaba como suyo el programa de los golpistas.Como es nuestro deber, la Federación Universitaria de Buenos Aires se coloca de manera entusiasta del lado del pueblo hondureño, que está protagonizando una verdadera rebelión popular, con marchas callejeras permanentes, huelgas masivas del sector público y privado, participación activa de los trabajadores, los campesinos y los estudiantes. Mientras los gobiernos de la región se siguen sentando con el imperialismo en ese “ministerio de colonias” que es la OEA es el pueblo el que lucha contra el golpe, poniendo sus mártires en un enfrentamiento desigual con el Ejército y las fuerzas de seguridad del Estado.
La Federación Universitaria de Buenos Aires quiere mandar un saludo especial a nuestros hermanos del movimiento estudiantil hondureño. Queremos que sepan que seguimos muy de cerca su lucha, que nos enardecemos cada vez que los medios de comunicación muestran la represión a la que son sometidos, pero al mismo tiempo confiamos que junto al pueblo de Honduras van a lograr, sin bajar en ningún caso sus banderas, derrotar a los golpistas, a las clases dominantes y al imperialismo.
La lucha contra el golpe en Honduras interesa a toda América Latina. Todo el movimiento estudiantil del continente debe tener una consigna única: no podemos dejar sólo a nuestros hermanos de Honduras. Retomando las mejores tradiciones de lucha, desde la Reforma del 18 hasta la fecha, convocamos a todo el movimiento estudiantil de América Latina a movilizarse de manera conjunta para derrotar al golpe de Honduras. Nos toca a la actual generación del movimiento estudiantil latinoamericano asumir las responsabilidades que nuestra época nos plantea, sobre todo ahora que el imperialismo y la reacción política quiere valerse del movimiento estudiantil, como sucede en Venezuela, para sus planes reaccionarios.
La Federación Universitaria de Buenos Aires le plantea al movimiento estudiantil de América Latina, a sus federaciones nacionales y locales, la necesidad de adoptar una iniciativa conjunta para apoyar al pueblo hondureño en su lucha contra el golpe reaccionario e imperialista. En ese sentido elevamos la propuesta de realizar un encuentro latinoamericano en la propia Honduras y si las condiciones políticas no lo permitieran, en sus fronteras, para dejar muy en claro que el golpe debe ser derrotado y que el pueblo en lucha debe lograr sus objetivos históricos.
¡Viva la rebelión del pueblo hondureño contra el golpe!
¡Restitución de Zelaya sin condicionamientos!
¡Abajo los golpistas y sus aliados imperialistas!
¡Fuera las tropas y bases militares imperialistas de América Latina!
Firman: Presidencia de Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, Veterinaria, Sociales, Psicología, Económicas, Odontología, Farmacia, Ingeniería, Exactas, Arquitectura.